Etiqueta: Nacionalismo

Antonio Robles – Nacionalismo también en seguridad

El próximo sábado recorrerán las calles de Barcelona miles de ciudadanos contra el terrorismo yihadista. No lo duden un instante, el nacionalismo convertirá la manifestación en un escaparate internacional para vender el procés en todo el mundo. No lo duden, aprovecharán el impacto internacional del atentado para inundar las portadas de todos los medios con miles de esteladas y mensajes sibilinos que unan el coraje ante el terrorismo con el órdago al Estado por el referéndum del 1-O. Ya lo hicieron en la concentración de la Plaza de Cataluña con el grito inducido de «No tenim por». No fue casual, es el mismo grito diseñado por la ANC para azuzar a sus masas en la campaña de agitprop diseñada para darnos la murga antes, durante y después del 1-O con el aquelarre del 11-S como lanzadera. El mismo eslogan que ya utilizaron hace un año (13-11-16) en la concentración de soporte a los procesados por saltarse la ley el 9-N. Así lo recogía Ara, uno de los periódicos más subvencionados del Régimen:

«No tinc por» és el crit de guerra de les 80.000 persones que s’han concentrat per donar suport a Mas, Ortega, Rigau.

Quienes hasta ahora hayan tomado la apuesta nacionalista a chirigota, que se vayan preparando. ¿O es que hay algo más miserable que vender a costa del dolor de las víctimas el maldito atentado que están preparando contra el Estado de Derecho?

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Antonio Robles impulsa un centroizquierda que «plante cara» al nacionalismo

Antonio Robles, ex diputado de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña y uno de los fundadores del partido, impulsa una nueva fuerza de centroizquierda, bajo las siglas de dCIDE, que pretende «plantar cara» al nacionalismo.

La formación, denominada Centro Izquierda de España (dCIDE), tiene sus raíces principalmente en Cataluña aunque su vocación es estatal y prevé celebrar en septiembre en Madrid su asamblea constituyente, según ha explicado Robles a Efe.

Robles, que fue el primer secretario general de Ciudadanos cuando se fundó el partido en 2006, rompió con Albert Rivera en 2009 y pasó posteriormente por UPyD, con la que se presentó como cabeza de lista en las elecciones catalanas de 2010.

Según Robles, ahora portavoz de dCIDE, la nueva formación que impulsa se sostiene sobre tres pilares fundamentales: situarse en el centroizquierda «reformista y no radical» que ya ocupa el PSOE, reivindicar «sin complejos» la nación española y defender la «lengua común» frente a las «castas nacionalistas» que quieren «excluirla».

dCIDE, ha subrayado, no pretende «suplantar» a Ciudadanos porque la formación que preside Albert Rivera «no está en el espectro de la izquierda».

«Ciudadanos, ahora, no tiene nada que ver con el partido fundado en 2006», ha afirmado Robles, que ha remarcado que dCIDE sí aspira a ser una «alternativa al PSOE» que «plante cara sin complejos a los nacionalistas» y se oponga a «cualquier intento de parcelar la nación española».

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Antonio Robles – El Ejército de Cataluña son sus maestros

Más claro, el agua. Lo acaba de decir la nueva consejera de Enseñanza de la Generalidad de Cataluña, Clara Ponsatí. Lo repetimos en vídeo: «En enseñanza no necesitamos construir estructuras de Estado, las tenemos listas».

Ya no se tapan ni disimulan, necesitan reafirmarse en su huida hacia el abismo. Y muestran sus poderes como los pavos reales los colores. Siempre pensé que cuanto más alto subieran, más profundo sería el abismo. Espero que sea el suyo, no el nuestro.

Ahora entenderán por qué era exacta la denuncia que hiciera allá por 1995 en la Universidad de Salamanca con ocasión de la Caravana por la Tolerancia Lingüística: «El Ejército de Cataluña son sus maestros». Desde entonces, ¡tantas evidencias!, ¡tan poco eco!

La denuncia causó estupor e incredulidad, las palabras de un sonado. Demasiado tiempo, demasiados responsables de la nación acomplejados ante el catalanismomirando para otro lado. Ahora vienen las prisas, todo ha sido advertido durante años, y a todo se ha hecho oídos sordos

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Antonio Robles – “La persistencia” de Puigdemont… contra las víctimas

El último vómito del presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, ha caído sobre la tumba de las víctimas del terrorismo. No lo recordaré, afortunadamente vivimos nuevos tiempos, donde los exabruptos tienen réplica. Se le ha achacado a este golpista a jornada completa que comparó el triunfo de la lucha contra ETA con la persistencia del «pueblo catalán» por lograr la independencia.

En su patológica obsesión por ver en cada gesto y gesta democráticos el modelo estético para vender, ocultar y adornar sus agresiones al Estado de Derecho, no reparó en la posible deducción. Dudo que la hiciera a propósito; más bien le falló el inconsciente en su obsesión por reducir todo al procés, sin reparar en los sentimientos de las víctimas. Es aquí donde está el problema, en la falta de empatía con las víctimas. Como le faltó a buena parte del catalanismo político siempre. Estaban en otra cosa. La lucha de ETA por Euskalerria era su aspiración inconfesable. Y es que cuando se comparten fines, se comprenden medios. O al menos se ignoran. La prueba más evidente fueron los 40.000 votos nacionalistas catalanes de ERC coaligada con Herri Batasuna en las elecciones europeas de 1977 que precedieron al atentado de Hipercor…

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Santiago Trancón – Los referendos de Hitler, Franco y Puigdemont

Los nacionalistas catalanes, con su agotador empeño en imponernos un referéndum separatista, han logrado que una mayoría identifique referéndum con democracia. Oponerse a su referéndum es ser un facha antidemócrata. La incapacidad para contrarrestar una falacia tan corrosiva ha dado alas a los independentistas que no cesan de repetir que el 80% de los catalanes exige ese referéndum. La torpeza del Gobierno y de los demócratas para desmontar este falso argumento, legitimador del proyecto secesionista, es una prueba de la indigencia intelectual y la incapacidad moral y política de la mayoría de nuestros dirigentes.

¿Es tan difícil demostrar que el referéndum no es en sí mismo ningún instrumento democrático, que los referendos no son ninguna prueba de democracia, que han sido usados por todos los dictadores para legitimar su poder (Hitler, Franco, Pinochet, Castro…), que para ser aceptables han de cumplir una serie de requisitos democráticos previamente reconocidos y que no existe, por tanto, ningún «derecho al referéndum»?

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Santiago Trancón, del CINC: ‘Es imprescindible aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña’

Madrid.- Filólogo, profesor, escritor y uno de los fundadores del Centro Izquierda Nacional (CINC), Santiago Trancón concede una entrevista a La Voz Libre en la que habla de la situación en Cataluña, de la urgencia de aplicar el artículo 155 y, por tanto, suspender la autonomía de la comunidad catalana, de los objetivos de su partido o de cuál sería la solución para frenar al separatismo.

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Santiago Trancón – El estado del golpe de Estado

Los menos jóvenes tenemos en la cabeza el modelo Tejero de golpe de Estado: un acto de fuerza súbito, urdido mediante conspiraciones secretas, que trata de tomar el poder y subvertir el orden legal establecido. Si no triunfa, los cabecillas van a la cárcel, son condenados a largas penas o directamente ejecutados. Los golpistas asumen el riesgo, saben lo que se juegan. El otro modelo de golpe de Estado es el catalán, que se lleva a cabo desde las instituciones y que ejemplariza la imagen de Companys en el balcón de la plaza San Jaime proclamando el Estado Catalán en el 34.

Ambos modelos enfatizan el momento decisivo en que se expresa públicamente la voluntad de cambiar el orden legal establecido por otro que está por establecer y que se impondrá por la fuerza de los hechos. La diferencia está en que el modelo Tejero es abiertamente subversivo y no duda en usar la violencia para tomar el poder, mientras que el catalán parte de una toma previa de las instituciones y se presenta luego como la consecuencia natural de la voluntad del pueblo. No usa la violencia física, sino una violencia institucional, verbal, psicológica, de control de la opinión mediante la propaganda, la amenaza, la imposición, la detentación del poder.

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Antonio Robles – Verdades de mentira en TV3

TV3 acaba de abordar el fenómeno de la posverdad, es decir, la difusión y manipulación de informaciones falsas como si fueran verdaderas creando una inseguridad cognitiva corrosiva. En ella, la verdad y la mentira dejan de tener referencias inmediatas con los hechos comprobables y pierden su función. La irrupción de las RRSS y la creciente frivolización de los medios audiovisuales han sido el caldo de cultivo y el medio para hacerlas virales.

No hay mayor impostura que la indecencia vestida de virtud. Y TV3 la ha mostrado al desnudo con la emisión del programa Veritats de mentida. Pareciera que el análisis y la crítica dedicados a las falsas noticias, a las verdades engañosas, medias verdades o verdades de mentira no fueran con TV3 o con la Cataluña nacionalista. Eso sí, como hay que demostrar neutralidad en la información, la simulan con la aparición fugaz de Pujol y su mujer en la portada del programa. Visto y no visto, y después de ellos, impunidad. Así se justificaba el vaciado total de las posverdades del espacio catalán de comunicación que han sido y son claves para construir el imaginario independentista.

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León Arsenal – La caja y el cajón

En su larga y poco exitosa gira mundial, el Gran Circo del Prusés llega a bombo y platillo a Madrid. Pero descuiden, que no vamos a entrar en lo ilegítimo o no de tal acto. Ya hay suficiente ruido sobre el asunto y, justo por eso, hay un detalle que queda casi oculto y que quiero señalarles.

Porque, veamos. El director del circo, Puigdemont, acude a la capital con un gran espectáculo de tres pistas, con fieras, saltimbanquis y payasos. Y, ante despliegue tan fastuoso, me asombra que casi nadie se pregunte quién paga todo ese montaje.

¿Quién paga el local? ¿Y los viajes y estancias de toda la troupe? Que esa gente no es de la de autocar, bocadillo y pensión, no. ¿De dónde viene el dinero para todo eso? De sus bolsillos no.

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Santiago Trancón – Poner una pica en Cibeles

Conocida es la hazaña de Carlos V que tuvo que atravesar Europa con sus ejércitos desde Génova para imponer su dominio en la lejana Flandes, donde sus soldados clavaron sus picas. El acto simbólico que consagra una victoria militar se anuncia colocando el pabellón (la bandera) en lo más alto. Puigdemont, con su cohorte de mossos al mando del sargento Junqueras el Grosso, se dispone a colocar la estrellada en Cibeles. A diferencia del imperator, el president llegará cómodamente en Ave o en avión, y será recibido con la bendición y la venia carmelitana de la alcaldesa. Haciendo honor a su apellido, se subirá al pico más alto del monte capitalino y desde allí lanzará su arenga al mundo entero para que todos los medios se hagan eco de su hazaña. La toma del palacio de invierno de Cibeles no encontrará resistencia alguna, salvo algún tímido rechazo por parte de algún representante político debidamente autorizado. Los demás callarán y se ocultarán como batracios bajo el fango por miedo a ser tachados de fachas contrarios a la libertad de expresión.

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Santiago Trancón – Falacia de la singularidad

La falacia es un embuste, una argucia, una patraña con la que se pretende encubrir algo falso para que parezca verdadero. Susana Díaz, para contrarrestar la deriva plurinacionalista de Pedro Sánchez, ha dicho que es partidaria de reformar la Constitución para reconocer la singularidad de Cataluña (y suponemos que también la del País Vasco, Galicia y Andalucía, al menos). Frente a un roto nos propone un descosido. Pero, ¿a qué carallo llaman singularidad?

Singular es lo único, lo que en algo esencial se diferencia de otro o de otra cosa. Aplicado a las personas, quiere decir que cada individuo es único, porque hay algo esencial en él (desde el ADN a la conciencia de sí mismo), que es distinto de otro ser humano. Cada persona es una totalidad indivisible (individuo), diferente, distinta, singular. Eso no impide que comparta su condición humana con todos los demás y que, por lo mismo, tenga unos derechos humanos comunes entre los que se encuentra el derecho a que se respete su singularidad.

Hablar de singularidad para aplicarlo a una colectividad es, sin embargo, una aberración semántica. Lo singular no puede ser colectivo a la vez.

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Pablo Gómez-Juárez – Cerco al castellano

El problema de la imposición lingüística en Cataluña viene de lejos. Se fundó desde el prisma de una inmersión obligatoria del catalán que ha ido minando poco a poco la libertad de lengua de los castellanohablantes que allí residen. Buena parte de la sociedad civil ha procurado defenderse de estos abusos organizándose en asociaciones como Convivencia Cívica Catalana, Tolerancia o Espanyols i Catalans, entre otras. También desde la esfera política se han dedicado esfuerzos a desenmascarar la iniquidad de esta situación. Ciudadanos lo hizo en su día, pero con el paso del tiempo relajó sus posiciones en torno al asunto. UPYD, por su parte, procuró denunciarlo activamente a lo largo de su existencia.

En la actualidad, el emergente proyecto de Centro Izquierda Nacional (CINC) aborda la defensa de la libertad lingüística sin los complejos que han caracterizado a la izquierda tradicional. En este sentido cabe apuntar que el PSOE -y más concretamente el PSC- ha transigido siempre con la imposición forzosa del catalán en el ámbito educativo.

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Antonio Robles – Nación de naciones

A los nacionalistas se les ha aparecido la virgen con la ocurrencia de Pedro Sánchez: «Catalunya es una nación, y España una nación de naciones». Como siempre, este chico solucionando los problemas esenciales de la gente. Empezando por los propios: tiene que asegurarse los votos catalanistas del PSC para ganar las primarias. El trapicheo de siempre con los que mandan en España, los nacionalistas.

A su vez, a él se le ha aparecido Josep Borrell: «Catalunya es una nación, pero nación –aclara– no se identifica con soberanía política. Ése es el planteamiento que hace Pedro Sánchez». Con esta reflexión, dice La Vanguardia, Josep Borrell subraya que «Sánchez no quiere romper España». ¡Ah, mira!, ya nos deja más tranquilos.

La cuestión no es si Cataluña es una nación sin soberanía política, sino si el nacionalismo debe disponer del estatus de nación para llevar adelante sus fechorías. La cuestión no es si tal nación se reduce a una identidad cultural, a mera referencia del derecho a la diferencia étnico-lingüística. El problema no es siquiera el reconocimiento explícito de nación cultural, es la actitud del nacionalismo por instrumentarla para ser Estado. Al día siguiente de tal estatus, reanudarían la marcha hacia el reconocimiento de nación como sujeto jurídico soberano ¿O alguien lo duda? Estoy convencido de que Josep Borrell tampoco. Pero si no lo duda, ¿por qué lo apoya?

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Robles recuerda cuando Pujol habló de ética y juego limpio

El portavoz de CINC (Centro Izquierda Nacional), Antonio Robles, ha manifestado hoy que: “La historia acaba desenmascarando a todos los impostores: de “Això és una dona” se ha pasado a “Eso es una madre superiora.”

Antonio Robles: “Jordi Pujol nos insultó a todos desde el balcón de la Generalitat”

El dirigente socialdemócrata ha añadido, tras una reunión mantenida con miembros de su partido, que “Marta Ferrusola ha quedado a la altura de su propio marido, Jordi Pujol, cuando nos insultó a todos desde el balcón de la Generalitat con aquel impostado dramatismo para tapar la corrupción en Banca Catalana. Recordemos exactamente lo que dijo el expresident: A partir de ahora, cuando se hable de moral y de juego limpio, podremos hablar nosotros, pero no ellos.”

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Antonio Robles – El silencio de Cataluña

¿Qué ha de pasar para que la sociedad tome consciencia de la cristalización fascista de la sociedad catalana? Y tome medidas.

Una fiebre por la identidad se ha apoderado del pulso de España. Ya no es sólo Cataluña o Euskadi, todas las latitudes sacralizan campanarios, tradiciones y ritos en detrimento de la sociedad política ilustrada. Muñoz Molina da cuenta de la estupidez en Andalucía con impotencia en “Quieren tradición”.

La patología en Cataluña, sin embargo, ha entrado en fase peligrosa. De la exaltación inicial por lo propio, se ha pasado a la sacralización de la tribu. Ya no importa el derecho, ni la ley, ni el bien común, ni la libertad política si se oponen a lo propio. Sólo se admiten adhesiones inquebrantables al clan. Pocos se atreven a disentir, una atmósfera de miedo transparente se espesa día a día, y el silencio negado simula la cobardía. Incluso para denunciarlo se silencia el nombre de Cataluña. Por miedo. Una inmensa metáfora de la profundidad del mal. Voy a ello.

El pasado sábado, el notario Juan-José López Burniol escribía un artículo en La Vanguardia que define con exactitud inconsciente la sutiliza del miedo. Sólo una sociedad pervertida por las peores técnicas de propaganda política de los años treinta puede explicar las causas del silencio. Y es que el nacional catalanismo de hoy ha refinado sus acciones totalitarias mediante la perversión del lenguaje y la incorporación fraudulenta de valores democráticos que cada día desprecian

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Antonio Robles – España y bien común, o autonomías y cupo

Podrían ser compatibles, de hecho, los padres de la Constitución fundamentaron la España democrática del 78 sobre el actual modelo autonómico persuadidos de que era la fórmula adecuada para encajar la pluralidad cultural de las regiones de España, descentralizar la administración y disipar las inclinaciones nacionalistas de Cataluña y País Vasco de ruptura con España.

Pero después de casi 40 años los resultados están a la vista: aquellas autonomías por las cuales se fundó el Estado autonómico, lejos de integrarse, cada día encuentran un nuevo agravio para irse de España. Nadie duda de que inicialmente el invento cuajó y produjo mejoras evidentes, al menos para los partidarios de la descentralización. Pero después de 40 años… ¿el Estado autonómico ha logrado el fin para el que fue diseñado? A todas luces, no. Lejos de remitir las reivindicaciones territoriales, han aumentado. Lejos de aplacarlas con más cesiones, las han fortalecido; lejos de blindar el bien común, la igualdad de los españoles y la unidad de España se han debilitado y se deshilachan a ojos vista. La fórmula del apaciguamiento, la conllevancia y las mayores cesiones ha fracasado. En realidad, las mal llamadas comunidades históricas han aprovechado estas cuatro décadas para poner el sistema educativo, los medios de comunicación públicos y los presupuestos de sus territorios al servicio de la construcción nacional propia.

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Antonio Robles – Con nocturnidad y alevosía

Choque de legitimidades, ley de transitoriedad jurídica, proceso de desconexión. Nunca un golpe de Estado institucional se había servido de tanta casquería lingüística para lograr sus fines con apariencia de legalidad.

Ayer la mayoría independentista del Parlamento de Cataluña se otorgó el derecho a pisotear la democracia en nombre de la democracia. Una falange de camisas negras puede ser menos educada, pero no más cínica y fascista. Porque estos cantamañanas del derecho a decidir por encima del derecho del resto de españoles sólo son eso, delincuentes crecidos con una alta autoestima.

Con estos abusos parlamentarios pretenden sacar adelante leyes de desconexión sin garantías jurídicas ni parlamentarias, llevadas en secreto y por el procedimiento de urgencia para que no puedan ser recurridas y debatidas por el resto de los grupos parlamentarios, que tienen derecho a ello según las normas del propio Parlamento. Pretenden ampararse en la astucia de la raposa para impedir la acción constitucional del Estado de Derecho al que deben su existencia. Todo es muy sucio y sin maldita gracia.

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