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Antonio Robles – Iceta y el supremacismo catalanista

Miquel Iceta no contempla la posibilidad de que Inés Arrimadas llegue a ser presidente de la Generalidad: “O el presidente soy yo o lo es un independentista”.

Tras la contundencia de la afirmación se evidencia, por una parte, la falta de una izquierda no nacionalista capaz de ampliar el perímetro electoral del constitucionalismo, y por otra, esconde un tufo supremacista impresentable.

1.NECESIDAD DE UNA IZQUIERDA NO NACIONALISTA.

¿Qué evidencia la afirmación de Iceta cuando asevera, que de ganar los constitucionalistas sólo él puede ser presidente? Evidencia que en Cataluña sólo puede ser presidente de la Generalidad un catalanista. Si Cs y el PPC no lo son, o no se declaran como tal, ni uno ni otro podrían encabezar un Gobierno de la Generalidad si por si solos carecieran de mayoría parlamentaria. Aun cuando Inés Arrimadas pudiera llegar a ganar las elecciones, o ser la más votada de los tres partidos constitucionalistas en liza (PPC, Cs y PSC). Tales consecuencias, deducidas de la afirmación de Iceta, demuestran que el catalanismo es clasismo, y el líder del PSC participa de forma natural de esa herencia supremacista por el mero hecho de formar parte de la atmósfera catalanista.

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Antonio Robles – La anomalía catalana

Inés Arrimadas: “Cs es el único partido que puede derrotar al secesionismo el 21-D“. Es posible, incluso probable. La cuestión no está en derrotar al secesionismo el 21-D, sino en derrotarlo a partir del 21-D. Y por las declaraciones que acaba de hacer Miquel Iceta pidiendo el indulto cautelar para los golpistas del 1-O, nada hace prever que tal empresa sea posible.

Si la declaración de principios que el PSC hizo al inicio de campaña prometiendo todas las reivindicaciones históricas del nacionalismo que nos han traído hasta aquí (modelo de escola catalana, relaciones bilaterales, condonación de la deuda, federalismo asimétrico, modelo de financiación similar al concierto y el cupo vascos, agencia tributaria propia, anulación de la sentencia constitucional sobre el actual estatuto para disponer de un TSJC como última instancia judicial… plurinacionalidad, monolingüismo institucional en Cataluña y multilingüismo para el resto de España), ¿qué acuerdo para formar Gobierno saldría del triunfo del bloque constitucionalista? Con estos mimbres, ¿qué derrota podría infligir Cs al secesionismo a partir del 21-D? ¿Cómo podría garantizar Cs los derechos civiles de todos los catalanes y restaurar la democracia en Cataluña?

Una vez más, la anomalía catalana nos recuerda el error o la renuncia de Cs a sus principios fundacionales al optar por suplantar al PP en lugar de acabar con la complicidad histórica de la izquierda con el nacionalismo, verdadera causa sociopolítica de la hegemonía moral de éste. Sin el concurso de la izquierda en general y del PSC en particular, nunca hubieran prosperado en política personajes esperpénticos como los que encabezan esta berrea flamenca.

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Antonio Robles – Cuando cualquier opción es derrota

Mientras el reality show Puigdemont sigue su curso y el delito penal de fondo se sustituye por enredos de visillo en tertulias televisivas, es preciso no dejarse arrastrar por la euforia ante la posibilidad histórica de que los partidos constitucionalistas den un vuelco electoral y puedan formar el primer Gobierno no nacionalista desde la reinstauración de la democracia.

El escenario que nos aguarda el día 21 no puede ser más desolador. A pesar de las manifestaciones constitucionalistas del 8 y el 29 de octubre, a pesar del declive de la hegemonía moral del nacionalismo, y de las encuestas, ninguna de las opciones que surjan de esas elecciones será buena.

Sobra decir que el peor escenario de los posibles es la formación de un Gobierno secesionista, con o sin la participación del partido de los comunes de Inmaculada Colau. ¿Pero la formación de un Gobierno constitucionalista, PSC, Cs, y PP, sería el fin del nacionalcatalanismo? En sus apariencias y formas, parecerá; en sus contenidos, consolidará el programa de exclusión cultural y lingüística e impondrá un federalismo asimétrico en lo económico, en lo judicial, en lo nacional y en lo judicial. No lo digo yo, lo pretende llevar a cabo Miquel Iceta.

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Antonio Robles – La inquietante sombra de las mentiras nacionalistas

Las mentiras del nacionalismo son ya tan burdas que empezamos a perder el trasfondo infeccioso que ocultan. Nunca antes una mentira sobreactuada como la de Marta Rovira, nos ha dicho tanto. Aunque nadie de su bando parece percibirlo.

Reparen en el conjunto de sus declaraciones, no se queden en el titular: “Violencia extrema con muertos en la calle (…) el Estado nos decía eso, que habría sangre”. Vean el vídeo entero, el desgarro, la convicción de la amenaza. En esa realidad paralela se destila la ficción de su educación sentimental y su visión moral de la política. No solo de ella, también del propio Puigdemont, el encarcelado Juntroleras, o cualquiera de sus seguidores. Todos rezuman la misma educación emocional, base y guía de su empecinamiento.

Proyectan sus miedos sin reparar que están haciendo strictis mental. De tanto vivir de los miedos de una España franquista desaparecida hace más de 40 años, han acabado creyendo que siguen viviendo en plena represión franquista. Lo hemos dicho muchas veces, no saben vivir sin Franco.

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Antonio Robles – Cuponazos y oportunistas

Es desolador comprobar cómo cada sesión parlamentaria se convierte en una reyerta identitaria. Por cualquier tema y en toda circunstancia. La última, a costa del cupo vasco.

En cada lance, en cada gresca, aparece de fondo el gozne de la riña: el sistema autonómico. Puede que la Transición consagrara la organización territorial de España con la mejor de las voluntades; puede que se creyera en los años de entusiasmo democrático que el sistema autonómico había logrado zanjar todas las disputas territoriales; puede que la bonanza económica surgida tras la entrada en la Comunidad Europea, que se reflejó en nuestras infraestructuras y ciudades, creara la convicción de que había sido fruto directo de la descentralización autonómica. Puede, ¿por qué no? Aunque quizá ese mismo entusiasmo democrático podría haber creado la misma riqueza, o más, con un Estado centralizado como lo es el francés. No lo sabemos, pero de lo que empezamos a estar seguros es de que la filosofía política que parió el sistema autonómico está mostrando su incapacidad para cohesionar territorialmente España, y a medida que se afianzan los agravios muestra su rostro más cainita y se convierte en una fábrica de independentistas.

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Antonio Robles – Ni un duro del Parlament para la pensión de Forcadell

Según las reglas del Parlamento de Cataluña, bastan 2 años en el cargo de presidente del mismo para cobrar una pensión vitalicia. Aparte de considerar un privilegio insultante para millones de trabajadores que han de cotizar toda una vida para cobrar una pensión de miseria, Carmen Forcadell ha desempeñado su cargo para obtener ese derecho durante el periodo que ha delinquido.

La pregunta es directa: ¿Merece tal derecho alguien que, para obtenerlo, ha delinquido durante su ejercicio? ¿Merece un privilegio alguien, cuyo periodo temporal que habilita tal derecho, coincide con el tiempo que le sirvió para planificar, desarrollar y concluir un delito de prevaricación, malversación, sedición, rebelión, y el resto de actos delictivos que actualmente están siendo juzgados por el Tribunal Supremo?

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Antonio Robles – Política e ideología en la escuela

Hay que sacar la política de las aulas“, oímos decir insistentemente estos últimos días. Puedo comprenderlo, la declaración de independencia de Cataluña ha dejado al descubierto el adoctrinamiento escolar llevado a cabo, de forma enmascarada, desde que Pujol llegó a la presidencia de la Generalidad, en 1980. Aunque casi nadie ha querido ver ni escuchar, y menos evitar. De hecho, ya hay denuncias del abuso, y los jueces han admitido a trámite la primera causa contra ocho profesores de un colegio de Seo de Urgel. Bienvenido sea, el final de la impunidad. Pero no es el adoctrinamiento sino el atolondramiento conceptual ante el problema lo que quiero remarcar hoy.

No es cuestión de sacar la política de las escuelas, sino la ideología partidista. De hecho, si los adolescentes y la sociedad en general tuvieran claros los conceptos básicos de lo que es un Estado democrático de Derecho, jamás tendrían la menor oportunidad farsantes como Puigdemont, que han vendido, en nombre de la democracia, lo que es un asalto al Estado de Derecho. Se aprovechan de la ignorancia inducida y del abuso doctrinal, que un ejército de maestros gestionan en recintos escolares convertidos en madrazas del catalanismo.

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Antonio Robles – La independencia me importa un carajo

No es la independencia, sino la impunidad lo que arruinará finalmente lo que queremos evitar. Ni adelanto electoral, ni pactos de conveniencia: restablecimiento de la legalidad y castigo a los culpables. Así son las sociedades adultas.

El mal no está en la independencia en sí, sino en lo que la ha hecho posible. El mal no está en el artículo 155, sino en carecer de conocimiento, pericia y coraje para restaurar la verdad y el respeto por la democracia en Cataluña. Hay que devolver a las palabras sus significados auténticos, librarse de las emociones que nos hacen impunes y utilizar las instituciones para lo que fueron concebidas: la escuela para ilustrar, la policía para servir a la ley, los medios de comunicación públicos para informar con neutralidad y el Gobierno para solucionar problemas, no para crearlos.

Y si el adelanto electoral solo sirve para escurrir el bulto, como si aquí no hubiera pasado nada, es hora de ciscarnos en Rajoy, Pedro y Albert por convertirse en cómplices de los golpistas. De los actuales y de los que saldrán de la escuela en el futuro.

¿O acaso unas nuevas elecciones pueden redimir del incumplimiento de la Constitución y de los desplantes al Estado de Derecho? ¿Qué legado pedagógico estamos dejando a nuestros adolescentes si les transmitimos el desprecio por la ley? En Cataluña ya lo sabemos. Y es desolador.

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Antonio Robles – La reforma constitucional es la penúltima trampa

Si se llegase a un acuerdo dialogado de no agresión para desactivar, pero no enmendar, los pasos dados por el nacionalismo hacia el independentismo, si la aplicación del 155 solo sirviese para convocar nuevas elecciones, pero no para erradicar el veneno inoculado en el corazón y en la mente de los catalanes, entonces no habríamos avanzado ni un milímetro hacia la lealtad constitucional, sino hacia un escenario irreversible de comportamientos mafiosos y ruptura con España. El mal no está solo en la insolencia demostrada estos últimos días con la voladura del Estado de Derecho en Cataluña, sino en la mentalidad supremacista y sectaria de dos generaciones deformadas por el adoctrinamiento escolar, la propaganda étnica de TV3 y la ayuda fraudulenta al rencor de los presupuestos de la Generalidad.

Si el Gobierno y la oposición se empeñan en buscar una salida digna a los golpistas para no verse obligados a reprimir sus previsibles algaradas callejeras, den por seguro la insurrección sistemática contra todo cuanto llegue del Estado.

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Antonio Robles – El día que la bandera española salió del armario

Puigdemont y su revolución de los tramposos ha logrado lo que los españoles fuimos incapaces de conseguir en estos últimos 40 años, legitimar la bandera española y nuestra Guardia Civil.

Hoy, 12 de octubre de 2017, conmemoración de la Hispanidad y Día Nacional de España, miles de banderas rojigualdas han vuelto a inundar las calles de Barcelona, desinhibidas, alegres, como lo hicieran solo hace cuatro días para levantarse contra el golpe de Estado pergeñado desde las propias instituciones del Estado en Cataluña.

Sin lugar a dudas, ese 8 de octubre se recordará por muchas cosas: por la irrupción de la mayoría silenciosa, por la manifestación del millón de catalanes no nacionalistas, por el 2 de Mayo catalán para evitar ser extranjeros en su país, pero, sobre todo, porque ese día se legitimó la bandera española como símbolo de todos los españoles.

Durante cuatro décadas hemos sufrido en silencio el estigma de la bandera nacional como símbolo franquista; durante cuatro décadas, todo el que la portase era considerado ultraderechista. Sin más, porque sí…

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Antonio Robles – El gatillazo separata de Puigdemont

No sé qué fue más desolador, si el gatillazo independentista de Puigdemont, o la incapacidad de los representantes del constitucionalismo presentes en el hemiciclo para darse cuenta cabal de la tragedia histórica que se estaba oficiando, y para dar cuenta adecuada a dicha tragedia. Equivocaron el tono y confundieron el interlocutor. No era Puigdemont, sino la prensa y mandatarios internacionales, Europa, el mundo entero. Era a ellos a quienes debieron dirigirse para desenmascarar la farsa antidemocrática de estos nuevos fascistas posmodernos, que se autodenominan a sí mismos como antifascistas.

Era Europa y su nacionalismo del S.XXI. Esa era la batalla que había que dar, pues ese es el caldo de cultivo donde pretenden extender su influencia. Muy al contrario, entraron al trapo como si se tratara de una tertulia más de las muchas que pueblan nuestros medios. Si acaso se salvó Inés Arrimadas al describir la base supremacista del nacionalismo. Eso sí, con chascarrillos vistosos, y no con la descripción y denuncia de la exclusión real de ese supremacismo en nuestras escuelas, contra la lengua y la nación de unos niños y el adoctrinamiento de todos.

El discurso del honorable golpista se vertebró sobre tres pilares:

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Antonio Robles – Paz en la propaganda y odio en la mirada

Si hay algo urgente para salir de esta colosal farsa democrática es restaurar la verdad en Cataluña. Hoy, el Estado de Derecho pasa allí por opresor y quienes atentan contra él, por demócratas. Vale todo, también la mentira programada, diaria, sistemática. Es tan grosera la alteración de la realidad, que la actuación policial más planificada de la historia de España para aguantar cualquier humillación con tal de no dar una imagen violenta ha sido convertida por el relato construido por el Gobierno de la Generalidad y TV3 en tapadera para ocultar su desprecio por el Estado democrático de Derecho. La ecuación es muy sencilla: como no nos dejan hacer legalmente lo que queremos hacer, nos tomamos la libertad de hacerlo contra la ley.

Todo es mentira, fraude, una estafa adobada de cinismo e hipocresía. Hablan ante las fuerzas de seguridad de la no violencia, pero llevan odio en la mirada. Reparten claveles y escupen víboras por la boca. Exigen respeto a la legalidad y se reúnen como hordas enfurecidas para acosar a las fuerzas del orden, insultarlas, humillarlas, apedrearlas y expulsarlas de su tierra. ¿Dónde hay más odio, violencia, rencor, en las porras de los guardias o en la lengua y los ojos de los defensores del derecho a decidir que los acosan?

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Antonio Robles (dCIDE): “Es necesario que el Estado tome el control de los Mozos de Escuadra”

¿Qué opinión le merece la actuación de los Mossos d’Esquadra?

Vivimos en una sociedad de adolescentes en medio de una guerra donde las armas son los medios de comunicación, la munición, la posverdad, y el campo de batalla la irresponsabilidad, el adanismo y el buenismo. En ese caldo de cultivo se ha dirimido la guerra sucia de los nacionalistas contra el Estado de Derecho, y en medio, los Mozos de Escuadra. Su actuación es propia de la sociedad de adolescentes en que vivimos, es decir, sensibilidad extrema para la imagen pública buenista, alta conciencia para exigir derechos, pero escasa predisposición para hacerse cargo de los costes que conllevan, sensibilidad extrema por la justicia social y muy poca por cooperar con sus costes o hacerse cargo de sus limitaciones.

Su actuación, forzada por sus mandos políticos y policiales, y no por el poder judicial que el Estado de Derecho dispuso como policía judicial, les ha llevado a cooperar presuntamente con el golpe de Estado por capítulos. No fueron mejores porque no desalojaran a la gente, tal como se le había ordenado, sino que cooperaron presuntamente con el delito.

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Antonio Robles – ¿Cómo hemos llegado a esto?

¿Cómo hemos llegado a esto? Es una pregunta insistente que nos hacemos a diario a propósito de Cataluña. Con cierta desorientación aturdida. La interrogación se dirige tanto al cómo, como a la exaltación colectiva de estos días.

Al menos les adelanto, que esto no empezó en 2012, ni con ocasión los 12 Editorial conjuntos en 2009, ni a causa de la crisis, ni por la campaña de Espanya ens Roba; surgió mucho antes, desde el primer gobierno de Pujol. Una lenta y maliciosa manipulación de toda la sociedad comenzada en la escuela, oportunamente denunciada desde 1981 y silencia siempre por las fuerzas nacionalistas y por el Gobierno de la nación de todos.

Si quieren entender el apoyo exponencial al independentismo y no saben explicárselo, recurran a dos películas: Rebeldes del Swing (1993), La Ola (2008), a un documental, La clase dividida (1983) y al capítulo XV del libro, Extranjeros en su país (1992).

LA CLASE DIVIDIDA, es una experiencia real en 1983 de una maestra estadounidense que hace un experimento con sus alumnos dónde se demuestra cómo se pueden generar fácilmente comportamientos supremacistas por exaltación de rasgos distintivos en el carácter y en la morfología de cualquiera. En este caso, de los pequeños entre sí. Ver esta experiencia pone los pelos de punta. ¡Es tan fácil manipular los sentimientos de los niños! Hoy en las escuelas de Cataluña estamos asistiendo a una manipulación masiva de nuestros hijos con la disculpa de la independencia de Cataluña. Vean el documental (54’:04’’). No tiene derecho de autor, pueden acceder a él a través del Link.

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Robles: “Si vas a votar, aunque sea NO, estás legitimando el fraude”

El Gobierno de España ha garantizado que el 1 de octubre no se celebrará la consulta ilegal, pero flota en el ambiente que en numerosas poblaciones de Cataluña los secesionistas intentarán repetir un simulacro de lo que fue el 9-N. Desde elCatalán.es hemos querido pedir a diversas personalidades cinco razones para no ir a votar, para intentar convencer a los más tibios que no hay que legitimar el 1-O de ninguna de las maneras. Es el turno de Antonio Robles, portavoz de dCIDE.

  1. Dentro de un Estado de Derecho nadie tiene carta blanca para incumplir la ley, o para imponer una legalidad paralela, sea en nombre de la mayor fuerza física, de un mayor poder económico o una mayoría social, religiosa, ideológica, lingüística o de cualquier otra índole. Tampoco el Gobierno de la Generalidad.
  2. La legitimidad nace un valor moral subjetivo que, a veces, irrumpe en las sociedades para hacerlas avanzar en humanidad y civilización; y a veces, para todo lo contrario. Reparen en el Hombre Nuevo o la Raza Aria. En ningún caso, la legitimidad es efectiva en un Estado de Derecho sin estar avalada por la legalidad.

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Antonio Robles – El verdadero hecho diferencial de Cataluña

Si hay un hecho diferencial en Cataluña es el de que se haya logrado que, mientras todos los proyectos europeos basados en el supremacismo nacionalista son rechazados como ultraderechistas, el supremacismo catalán pase por democrático. Mientras tales proyectos son vistos como xenófobos y enemigos de la democracia, en toda Europa los Gobiernos y los Estados son considerados como la garantía de ella. No ocurre así en España. Buena parte de la opinión publicada dentro de Cataluña y transmitida fuera por los secesionistas considera que España es un Estado opresor. Como cómplices necesarios, Podemos y oportunistas sin escrúpulos como Ada Colau repiten la infamia, mientras no dicen ni palabra de la coz a la separación de poderes, de la falsa doble legalidad, del adoctrinamiento escolar, de la desobediencia a las propias normas de su Parlamento, a su Estatuto y a la Constitución que legitima su existencia.

Si tenemos en cuenta que la guerra que se está librando entre nacionalistas y demócratas se juega en la percepción mediática, de momento, la van ganando los impostores.

Esta anomalía refuerza el hecho diferencial, y también lo explica. Los diferentes Gobiernos españoles nunca han reparado en la fuerza subversiva del relato mediático interesado. Los nacionalistas catalanes son verdaderos maestros de él. Llevan 40 años disimulando, ocultando bajo estética democrática lo que es puro supremacismo.

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Antonio Robles – ¡Prensa española, manipuladora!

Hoy, en muchos institutos y universidades de Cataluña se han cerrado las aulas para que los alumnos secundaran la concentración ante el TSJC. Era tremendo ver en la explanada de la UAB a cientos de estudiantes con cara desencajada y mirada anegada de éxtasis gritar: “¡Prensa española, manipuladora!”. ¿Sabrán de la existencia de los esclavos de Platón condenados a percibir únicamente el fondo de la caverna de TV3? ¿Sospecharán que existe otra realidad?

El golpe de Estado de Tejero del 23 de febrero de 1981 fracasó desde el minuto cero: no tomaron el control de TVE y RNE. Imperdonable error.

Tal como están las cosas, el golpe de Estado nacional-catalanista podrá perder esta batalla, pero si el Gobierno legítimo de la nación sigue dejando TV3 en manos de los golpistas, tarde o temprano perderá la guerra.

El golpe no son las urnas del 1 de octubre, sino la excusa de su prohibición para sacar a la calle al “pueblo de Cataluña” agredido por un Estado opresor. Y vender el relato al exterior. Esa ficción sólo se puede sostener en el tiempo con mentiras y manipulaciones, y éstas, manteniendo a sus seguidores en la burbuja de TV3, a imagen y semejanza de El show de Truman. Entrar en la burbuja, no para censurar las tesis nacionalistas sino para contrastarlas con miradas constitucionalistas en igualdad de condiciones, es absolutamente imprescindible para desactivar la sugestión colectiva en la que viven demasiados catalanes.

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Antonio Robles – Apoyar al Gobierno no es estar con Rajoy

Esto es una guerra mediática y la está ganando el secesionismo. Por muchas razones. Entraré solo en una, nuestros líderes constitucionalistas aún siguen más preocupados en sacar rédito político que defender a España como nación común de todos los españoles y al Estado de Derecho como forma de gobernarnos.

La última evidencia: Cs ha preferido sobreactuar para mostrarse rotundo en la defensa de la democracia, que calibrar los riesgos de que el bloque constitucional se quebrara. Precisamente cuando, después de tantos titubeos del PSOE de Pedro Sánchez, se afianzaba día a día, prudentemente, el apoyo al Gobierno. Lo nunca visto, hasta el PSC de Iceta, dejaba a diario claro que no apoyarían un referéndum ilegal y llamaba sin ambages a no votar.

¿Por qué Albert Rivera ha preferido asumir ese riesgo, en lugar de colaborar en la sombra con ese matrimonio de conveniencias entre PP y PSOE? ¿Por qué su equipo de comunicación no previó que la prensa internacional daría alguna credibilidad a la causa secesionista cuando el propio Parlamento de la nación española dejaba en minoría las acciones de su Gobierno? ¿Por qué ha preferido poner en evidencia al PSOE cuando entraba en vereda, a sabiendas que cualquier coma podría sacarlo de ella?

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Antonio Robles – El burka mental

Puigdemont: “A mí no me puede inhabilitar nadie”. ¡Joder con el Rey Sol!; precisamente el Estado de Derecho nació para limitar el poder del monarca absoluto.

Hay culturas que encarcelan a sus mujeres en burkas, el catalanismo ha logrado cegar con esteladas la capacidad para discernir entre lo que es un Estado democrático de Derecho y un colosal fraude democrático sostenido en el tiempo e inducido por un relato adobado de falsedades, victimismo y odio al diferente.

Restituir la verdad en Cataluña implica acabar con ese relato, liberar la libertad crítica de sus feligreses.

Si hay algo miserable en el relato independentista es la apropiación de la democracia para ocultar su hedor clasista y sus tintes xenófobos. Pero si tenemos que empezar por restaurar la verdad en Cataluña, es preciso hacer pedagogía de filosofía política básica. Empezando por lo más elemental. Es decir, enseñándoles a discernir entre las reglas democráticas de un Estado de Derecho y el contenido particular de la ideología de cada cual.

¿Por qué incumplir las leyes o pretender imponer una legalidad paralela a la Constitución apesta a totalitarismo?

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Antonio Robles – La serpiente salió del huevo

Lo peor que ocurrió en el Parlamento de Cataluña es a la vez lo mejor. Por fin, la revolución de las sonrisas ha mostrado su verdadero rostro a toda España.

Miren, la primera condición para solucionar un problema es tener conciencia de él. Y durante demasiados años, demasiados españoles ni han tenido conciencia del problema territorial ni han querido tenerlo. Desde ayer eso ya no es posible: o se está con esta navajada a la Constitución, al Estado de Derecho y a la unidad de España o se está en contra; lo que no será posible ya es mirar para otro lado. Por fin, todo lo que ocurrió y cómo ocurrió, fue como había parecido siempre que era y demasiados se negaron a ver; o sea un engaño, un simulacro democrático repetido en el tiempo con el objetivo de imponer de forma camuflada una identidad excluyente, mutilar a millones de catalanes de su condición de españoles y romper España. ¡Y ojo con la amenaza anexionista de los países catalanes cuando las condiciones lo permitan! Debemos empezar por corregir la percepción del problema: el problema no es Cataluña, es la destrucción de España como nación. Y lo que ocurrió ayer en el Parlamento catalán fue el primer hilo de la madeja.

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