Mes: octubre 2017

Santiago Trancón – Trampa a la vista

Quisiera escribir y aplicar mi mediana capacidad reflexiva a cualquier otra cosa. Pero ahí está, insistente, obsesiva, la realidad política que se impone con su crudeza, su tozudez, su resistencia a ser analizada. El ejercicio de la razón tiene su ritmo, sus reglas en busca de cohesión y coherencia. El ritmo de los acontecimientos es otro, sigue otras reglas que apenas podemos captar y comprender porque no responden a la misma lógica, sino a esa otra invisible, inaprensible que es “la fuerza de los hechos”.

Dicho de otro modo: la fuerza de la realidad. Tan despreciada, tan arrinconada, tan ignorada, sin embargo, ahí está, imponiendo a todo lo demás la consistencia de su propia materialidad, su dinámica interna, algo así como el movimiento de las placas tectónicas, sometidas al empuje del magma en combustión, ese fuego que late en el corazón de la Tierra.

Que la realidad, al ofrecer su resistencia, se haya convertido en nuestra última esperanza, en salvaguarda de lo más valioso que tenemos, la unidad y la convivencia, no debe hacernos olvidar hasta qué punto es frágil el equilibrio y la cohesión social, el orden y la integración que un sistema democrático como el nuestro logra establecer.

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José Antonio Llamas – Octubre Rojo

El cielo del atardecer del 21 de octubre pasado, en la ciudad de Barcelona, es rojo sangre. Las nubes, diseminadas y traslúcidas, están siendo atacadas por las llamaradas del sol que va cayendo sin remedio dentro de las fauces del mar. En el Camp Nou, el bullicio del partido del Barça-Málaga, y en el paseo de Les Corts, la manifestación en pro de la excarcelación de los ‘Jordis’ deshilachándose en una profusión de ‘esteladas’ a hombros de jóvenes y gentes de buen ver.

Desde buena mañana, cerca de allí, en una esquina de la Avenida de Madrid (casualidad) un nutrido grupo de personas, reunidas en el centro cívico Pere Quart, están fundamentando un nuevo partido político, de nombre dCIDE (Centro Izquierda De España) como refugio en sus huidas de otras formaciones (Pesoe, UPyD, Ciudadanos, y del viejo PC) Son los rojos del tardofranquismo aquel. Al menos cinco leoneses entre la representación de varias regiones, saludan al cronista y a Ana, su mujer. Miguel Barajas, Santiago Trancón. En medio de la discusión, se hace el silencio y alguien comunica a la asamblea que el gobierno central ha decretado la aplicación en Cataluña del artículo 155 de la Constitución. Los enseñantes, muchos de los presentes, certifican que ha llegado el momento de rescatar las competencias en educación y terminar con el incumplimiento de la ley que permite la enseñanza en castellano a quienes así lo deseen, y que nunca se cumplió.

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Pau Guix – Rufián Iscariote y las treinta piezas de plata

Estas tres últimas semanas la Cataluña real ha hablado. Ha dicho en voz alta ¡basta! Basta ya de esta situación anómala en cualquier democracia avanzada, basta ya de deslealtad institucional, basta ya de fractura social, basta ya de desertización económica y empresarial, basta ya de agitprop en los medios de comunicación, basta ya de adoctrinamiento escolar, en definitiva, basta ya de vivir bajo el pernicioso, malévolo y ominoso yugo del nacionalismo que ha secuestrado las instituciones catalanas y las ha puesto al servicio exclusivo de su ideología supremacista y de su casta dirigente.

Hoy mismo se ha consumado el segundo golpe de Estado a nuestra moderna democracia, orquestado por el nacionalseparatismo catalán. Pero que en una democracia occidental avanzada haya podido acaecer algo así es harto difícil de entender si no ha habido quienes han ejercido de colaboradores necesarios para la propagación de este mal que asola Cataluña y aqueja a los catalanes. Son aquellos que han entregado Cataluña a los nacionalistas por 30 piezas de plata o su equivalente político del apoyo parlamentario. Cataluña –y me refiero al conjunto de sus habitantes– ha sido, desde la restauración de la Democracia en España, siempre la moneda de cambio de los acuerdos parlamentarios de los dos partidos políticos mayoritarios, PP y PSOE, para afianzarse en el poder a costa de pactar con el nacionalismo y en pago entregarle muchas piezas de plata –entiéndase competencias– que jamás deberían haber sido entregadas, como la educación ya que sin ésta difícilmente habríamos llegado a la situación actual.

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Antonio Robles – La independencia me importa un carajo

No es la independencia, sino la impunidad lo que arruinará finalmente lo que queremos evitar. Ni adelanto electoral, ni pactos de conveniencia: restablecimiento de la legalidad y castigo a los culpables. Así son las sociedades adultas.

El mal no está en la independencia en sí, sino en lo que la ha hecho posible. El mal no está en el artículo 155, sino en carecer de conocimiento, pericia y coraje para restaurar la verdad y el respeto por la democracia en Cataluña. Hay que devolver a las palabras sus significados auténticos, librarse de las emociones que nos hacen impunes y utilizar las instituciones para lo que fueron concebidas: la escuela para ilustrar, la policía para servir a la ley, los medios de comunicación públicos para informar con neutralidad y el Gobierno para solucionar problemas, no para crearlos.

Y si el adelanto electoral solo sirve para escurrir el bulto, como si aquí no hubiera pasado nada, es hora de ciscarnos en Rajoy, Pedro y Albert por convertirse en cómplices de los golpistas. De los actuales y de los que saldrán de la escuela en el futuro.

¿O acaso unas nuevas elecciones pueden redimir del incumplimiento de la Constitución y de los desplantes al Estado de Derecho? ¿Qué legado pedagógico estamos dejando a nuestros adolescentes si les transmitimos el desprecio por la ley? En Cataluña ya lo sabemos. Y es desolador.

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Antonio Robles – La reforma constitucional es la penúltima trampa

Si se llegase a un acuerdo dialogado de no agresión para desactivar, pero no enmendar, los pasos dados por el nacionalismo hacia el independentismo, si la aplicación del 155 solo sirviese para convocar nuevas elecciones, pero no para erradicar el veneno inoculado en el corazón y en la mente de los catalanes, entonces no habríamos avanzado ni un milímetro hacia la lealtad constitucional, sino hacia un escenario irreversible de comportamientos mafiosos y ruptura con España. El mal no está solo en la insolencia demostrada estos últimos días con la voladura del Estado de Derecho en Cataluña, sino en la mentalidad supremacista y sectaria de dos generaciones deformadas por el adoctrinamiento escolar, la propaganda étnica de TV3 y la ayuda fraudulenta al rencor de los presupuestos de la Generalidad.

Si el Gobierno y la oposición se empeñan en buscar una salida digna a los golpistas para no verse obligados a reprimir sus previsibles algaradas callejeras, den por seguro la insurrección sistemática contra todo cuanto llegue del Estado.

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Santiago Trancón – ¿El único que no se ha enterado?

El más ciego, el que no quiere ver. El más necio, el que se cree listo. El más cobarde, el que se cree astuto. El más mentiroso, el que se cree su mentira. El más culpable, el que consiente el delito. El más peligroso, el que no quiere ver el peligro. El más sordo, el que no escucha. El más lelo, el que no entiende lo que le dicen, ni leyéndolo. El más mezquino, el que encubre su traición. El más inútil, el que ni actúa ni deja actuar. El más cínico, el que disimula su impotencia. La mayor desgracia, que sea Presidente del Gobierno de España.

Triste y dramática hora en que uno tiene que escribir lo que escribe, decir lo que dice, pensar lo que piensa, sentir lo que siente, señalar lo que ya es diáfano hasta para los murciélagos que surcan el aire crepuscular. El cabestro cabecea, sin embargo, y duda: ¿Por dónde suena el esquilón? ¿Por dónde se vuelve a los corrales? Vean lo que a día de hoy todavía no entiende el registrador:

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Joan Ferran – Milongas, no gracias

No nos vengan con milongas, lagrimitas, ni villancicos buenistas. En cualquier país europeo un individuo megáfono en mano, encaramado sobre la capota de un vehículo policial destrozado y arengando a las masas es carne de detención inmediata e interrogatorio. En cualquier democracia occidental -que se precie- impedir la labor y la libertad de movimientos de funcionarios públicos, que actúan a las órdenes de un juez, deviene un delito de obstrucción de la justicia. En cualquier parte del mundo excitar, e incitar, a una muchedumbre para que cerque, insulte y vilipendie a las fuerzas de seguridad puede conllevar consecuencias penales graves… ¿O no, amigos?

Pero desgraciadamente el nuestro es un país en el que abundan los papanatas, los pijoprogres con mala conciencia, los tibios y los aprovechados. Y mucho me temo que toda esa fauna va a acabar sobreactuando por los platós, jodiendo la convivencia y vendiendo falsas bondades para seguir perpetuándose.

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Victor Hugo – ¿Saben aquell que dui?

¿Saben aquell que DUI que los “catalanes” somos los que más vías hemos transitado en nuestra “Historia de la Eternidad” al pasar ya por la escocesa, la quebequesa, la checa, la lituana, la eslovena y, ahora, la kosovar…y que, esas vías, no son más que las sonrientes y amables máscaras que ocultaban la verdadera faz del nacionalismo, la faz de la guerra y el enfrentamiento civil?

¿Saben aquell que DUI que necesitamos una “Mediación” para que, desde nuestro “breviario de podredumbre”, implícitamente aceptemos lo inaceptable, esto es, una cínica equidistancia entre un estado de derecho democrático y constitucional y un movimiento de masas violento, corrupto y fascista…protagonizado, todo sea dicho, por alguien a quien nadie votó?

¿Saben aquell que DUI que éramos business friendly y que íbamos a experimentar el “govern dels millors”, y que lo que estamos viviendo es una fuga de empresas a más velocidad que la fuga de cerebros…quedándonos no sólo sin in-intel-inteli-gen-ci-a, sino también, posiblemente, sin trabajo, sin recursos?

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Antonio Robles – El día que la bandera española salió del armario

Puigdemont y su revolución de los tramposos ha logrado lo que los españoles fuimos incapaces de conseguir en estos últimos 40 años, legitimar la bandera española y nuestra Guardia Civil.

Hoy, 12 de octubre de 2017, conmemoración de la Hispanidad y Día Nacional de España, miles de banderas rojigualdas han vuelto a inundar las calles de Barcelona, desinhibidas, alegres, como lo hicieran solo hace cuatro días para levantarse contra el golpe de Estado pergeñado desde las propias instituciones del Estado en Cataluña.

Sin lugar a dudas, ese 8 de octubre se recordará por muchas cosas: por la irrupción de la mayoría silenciosa, por la manifestación del millón de catalanes no nacionalistas, por el 2 de Mayo catalán para evitar ser extranjeros en su país, pero, sobre todo, porque ese día se legitimó la bandera española como símbolo de todos los españoles.

Durante cuatro décadas hemos sufrido en silencio el estigma de la bandera nacional como símbolo franquista; durante cuatro décadas, todo el que la portase era considerado ultraderechista. Sin más, porque sí…

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Antonio Robles – El gatillazo separata de Puigdemont

No sé qué fue más desolador, si el gatillazo independentista de Puigdemont, o la incapacidad de los representantes del constitucionalismo presentes en el hemiciclo para darse cuenta cabal de la tragedia histórica que se estaba oficiando, y para dar cuenta adecuada a dicha tragedia. Equivocaron el tono y confundieron el interlocutor. No era Puigdemont, sino la prensa y mandatarios internacionales, Europa, el mundo entero. Era a ellos a quienes debieron dirigirse para desenmascarar la farsa antidemocrática de estos nuevos fascistas posmodernos, que se autodenominan a sí mismos como antifascistas.

Era Europa y su nacionalismo del S.XXI. Esa era la batalla que había que dar, pues ese es el caldo de cultivo donde pretenden extender su influencia. Muy al contrario, entraron al trapo como si se tratara de una tertulia más de las muchas que pueblan nuestros medios. Si acaso se salvó Inés Arrimadas al describir la base supremacista del nacionalismo. Eso sí, con chascarrillos vistosos, y no con la descripción y denuncia de la exclusión real de ese supremacismo en nuestras escuelas, contra la lengua y la nación de unos niños y el adoctrinamiento de todos.

El discurso del honorable golpista se vertebró sobre tres pilares:

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Santiago Trancón – El resurgir del sentimiento nacional

Estábamos tan ocupados en combatir el nacionalismo, que nos olvidamos de defender el sentimiento nacional. El nacionalismo convierte la nación en mito para justificar el supremacismo y la xenofobia; vive de construir un enemigo al que odiar; se alimenta de exaltar lo propio y denigrar lo ajeno. En el caso del nacionalismo catalán, vive del odio a España, del rencor a todo lo español. Así, desde sus orígenes. Para encubrir su racismo (todo nacionalismo es necesariamente racista), el nacionalcatalanismo de hoy se ha dedicado a identificar a España con el fascismo y el franquismo. Para odiar al otro primero hay que degradarlo; convertirlo en facha es el camino más corto y más fácil. Este recurso les ha funcionado a los nacionalistas. Tanto, que hasta la izquierda ha caído en su trampa y les ha ayudado a “legitimarlo”.

Pero rechazar el nacionalismo no implica negar la legitimidad del sentimiento nacional. Hasta hoy, acuciados por la necesidad de romper el cerco ideológico nacionalista, no habíamos tenido tiempo para hacer la distinción entre un sentimiento natural, sano y legítimo, como es el sentirse español, que se fundamenta en reconocer lo propio, en apreciarlo y valorarlo en sí mismo, y no en el rechazo de nadie, y otro sentimiento negativo, basado en el rencor y el odio, en el desprecio y la exclusión de los otros, a los que se considera diferentes (para no llamarles inferiores). Podemos hablar de sentimiento nacional frente a sentimiento nacionalista.

Es algo más que una distinción morfológica. Alrededor de cada adjetivo se conforman campos semánticos diferentes. Nacional alude a conceptos como nación política, derechos de ciudadanía, democracia, igualdad, diversidad, libertad, Estado de derecho. El otro, nacionalista, encierra conceptos como nación étnica y lingüística, derechos históricos, uniformidad, supremacismo, Estado totalitario.

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Pau Guix – Cautivos del mal

La Cataluña tribal, la Cataluña paleta, la Cataluña adoctrinada en los colegios, la Cataluña inducida a la letargia de la razón mediante las consignas de los medios nacionalseparatistas, la Cataluña xenófoba y supremacista, la Cataluña –de la imposición– monolingüe, la Cataluña del odio y el rencor, la Cataluña que venera a terroristas como Otegui y Sastre, la Cataluña del relato propagandístico 24/7 de la TV3, la Cataluña del enésimo desacato de las sentencias judiciales, la Cataluña victimista que finge falsas agresiones policiales –y que se sirve de ellas para hacer AgitProp en redes sociales– con total impunidad, en definitiva, la grotesca caricatura de lo que realmente debería ser Cataluña y no es, finalmente está en pie de guerra.

Votaciones ilegales en urnas de Ali Babá –nunca un nombre fue más apropiado­ fuera de su contexto–, censo sin garantías legales, ubicuos creyentes votando 4 veces o más, urnas llenas antes de empezar la votación, el uso de niños como escudos humanos, la desaparición del Estado de Derecho en Cataluña, la sedición institucional y de grupúsculos violentos –ya sean de la CUP, de ERC, Comuns, podemitas o cualquiera de sus violentos amigos antisistema de toda Europa a los que han invitado a la fiesta–, el totalitario e injustificable uso político de la policía autonómica, los episodios de acoso, ataques e insultos a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado –que obedecían órdenes judiciales–, la fuerza como razón, el desprecio como gesto, la negación de la realidad como principio,  el odio como credo, este conjunto se ha convertido en el día a día de esta Cataluña que se halla bajo el yugo nacionalista.

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Pilar Jáuregui – Después del 1-O, la Nada

Hubo un tiempo en Europa en el que los periodistas se mostraban seducidos por la épica subversiva. La prensa recogía titulares que exaltaban el valor de la rebeldía de grupos terroristas como Brigadas Rojas y la Banda Baader-Meinhof. Tras el 1 de octubre, una parte de la prensa extranjera ha vuelto a tomar partido por los radicales catalanes que desean imponer su visión secesionista a una mayoría de sus conciudadanos. En esta ocasión, la pasada fascinación por el hecho inconformista ha dado paso al carácter euroescéptico de muchas de sus cabeceras, más interesadas en debilitar la fortaleza del proyecto europeo.

Aquí, en España, los intereses son más simples. Un buen número de reporteros hace tiempo que recogen la alarma social porque saben que proporciona buenos titulares. Permanecen atentos día y noche, listos para salir disparados hacia el lugar de los acontecimientos. Mientras tanto, los protagonistas de eventuales altercados se emocionan con la arrogancia del divo ante tanta expectación. Están convencidos que el desorden público es el preludio de arengas de éxito pronunciadas por cualquier aprendiz de político.

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Antonio Robles – Paz en la propaganda y odio en la mirada

Si hay algo urgente para salir de esta colosal farsa democrática es restaurar la verdad en Cataluña. Hoy, el Estado de Derecho pasa allí por opresor y quienes atentan contra él, por demócratas. Vale todo, también la mentira programada, diaria, sistemática. Es tan grosera la alteración de la realidad, que la actuación policial más planificada de la historia de España para aguantar cualquier humillación con tal de no dar una imagen violenta ha sido convertida por el relato construido por el Gobierno de la Generalidad y TV3 en tapadera para ocultar su desprecio por el Estado democrático de Derecho. La ecuación es muy sencilla: como no nos dejan hacer legalmente lo que queremos hacer, nos tomamos la libertad de hacerlo contra la ley.

Todo es mentira, fraude, una estafa adobada de cinismo e hipocresía. Hablan ante las fuerzas de seguridad de la no violencia, pero llevan odio en la mirada. Reparten claveles y escupen víboras por la boca. Exigen respeto a la legalidad y se reúnen como hordas enfurecidas para acosar a las fuerzas del orden, insultarlas, humillarlas, apedrearlas y expulsarlas de su tierra. ¿Dónde hay más odio, violencia, rencor, en las porras de los guardias o en la lengua y los ojos de los defensores del derecho a decidir que los acosan?

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Santiago Trancón – ¿Y ahora qué?

Podría escribir otro artículo. Podría repetir lo que he dicho y anunciado desde hace más de treinta años. Podría recoger cientos de afirmaciones escritas en cientos de artículos durante los últimos cinco años (por acotar el tiempo). Podría repetir los gestos de conmiseración con que han sido acogidos mis análisis y vaticinios por muchos, incluidos algunos de mis amigos, los que, aun pensando como yo, me han tachado de exagerado, alarmista, incluso de pirado. Los hechos, sin embargo, han ido dejando cortas mis reflexiones, mis premoniciones, no sólo para darme la razón (pobre consuelo), sino para sacarla de quicio, porque ni siquiera los hechos caben dentro de los márgenes de la razón.

Cuando los hechos empiezan a desbordar a las palabras, entonces significa que hemos entrado en otra fase, otro estado. Cuando se pasa del estado sólido al líquido, por ejemplo, las leyes cambian, nada de lo que vale para tallar una piedra sirve para manipular un litro de gasolina. Las leyes de cohesión, tensión, fluidez o capilaridad, cambian. Pues eso mismo sucede con una sociedad, puede pasar de un estado a otro. Los cambios pueden ser bruscos (una revolución) o lentos y graduales (lo más frecuente) hasta que se hacen evidentes e irreversibles. La paz y la cohesion social, así, pueden pasar de la estabilidad y el equilibrio, a la inestabilidad y el desorden. Los negacionistas, que suelen confundir pacifismo con cobardía, acaban siendo incapaces de distinguir una marea de un tsunami.

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Antonio Robles (dCIDE): “Es necesario que el Estado tome el control de los Mozos de Escuadra”

¿Qué opinión le merece la actuación de los Mossos d’Esquadra?

Vivimos en una sociedad de adolescentes en medio de una guerra donde las armas son los medios de comunicación, la munición, la posverdad, y el campo de batalla la irresponsabilidad, el adanismo y el buenismo. En ese caldo de cultivo se ha dirimido la guerra sucia de los nacionalistas contra el Estado de Derecho, y en medio, los Mozos de Escuadra. Su actuación es propia de la sociedad de adolescentes en que vivimos, es decir, sensibilidad extrema para la imagen pública buenista, alta conciencia para exigir derechos, pero escasa predisposición para hacerse cargo de los costes que conllevan, sensibilidad extrema por la justicia social y muy poca por cooperar con sus costes o hacerse cargo de sus limitaciones.

Su actuación, forzada por sus mandos políticos y policiales, y no por el poder judicial que el Estado de Derecho dispuso como policía judicial, les ha llevado a cooperar presuntamente con el golpe de Estado por capítulos. No fueron mejores porque no desalojaran a la gente, tal como se le había ordenado, sino que cooperaron presuntamente con el delito.

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Ernesto Ladrón de Guevara – Dramática crisis del estado constitucional

El problema fundamental de la situación creada por la pantomima de referéndum de ayer, y de no haberlo atajado previamente con la asunción de todas las atribuciones conferidas a una Generalitat golpista, no es tanto las jornadas que se nos avecinan de proclamación unilateral de independencia, sino la propia crisis de los restos exiguos que quedaban del Estado Constitucional. En el peor de los casos, si sucediera finalmente la separación de Cataluña,  la descomposición de España no habría forma de pararla y estaríamos abocados a consecuencias imprevisibles, incluida la guerra. Algunos me llamarán alarmista, pero estas cosas sabemos cómo empiezan pero no como acaban. Lo hemos visto tanto en nuestra historia no hace mucho (70 años en términos históricos es anteayer) y lo hemos comprobado en la guerra de Yugoslavia.

Y desgraciadamente, esta situación se ha generado en el peor de los momentos en cuanto a la composición de los órganos de representación popular en el Congreso y en el Senado. Con un Podemos antisistema que trata de derrumbar el régimen nacido en 1978 y que es la marca blanca de Bildu en el Estado, con una serie de grupúsculos de todo color de carácter segregacionista que niegan a España, con un Partido Socialista que ha olvidado sus errores de los años treinta y que tiende a repetirlos de una forma mimética, cuyo líder abandona la idea de la España constitucional y sobrepone sus ambiciones personales a la estabilidad de su país;  con un PP acorralado cuyo líder y presidente del Gobierno actúa como un personaje noqueado, sin saber bien en qué lugar del ring ponerse para evitar el puñetazo final. En este contexto se está produciendo la tormenta perfecta cuya salida es realmente complicada y no sabemos bien las nefastas consecuencias a las que nos vamos a ver abocados todos los españoles.

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