Mes: diciembre 2017

Plataforma Ahora y dCIDE abren negociaciones para construir una alternativa de izquierdas no nacionalista

La semana pasada se reunieron en Madrid representantes del partido Centro Izquierda de España (dCIDE) y de Plataforma Ahora. En la reunión, acordaron iniciar el camino que pudiera llevar a una confluencia, unión o integración de las dos organizaciones.

En esta línea, Antonio Robles, de dCIDE, y Gorka Maneiro, de Plataforma Ahora, afirman que “desde las dos organizaciones constatamos que compartimos ideas políticas similares, especialmente la necesidad de impulsar una izquierda renovada que defienda la unidad cívica de España y pueda ser alternativa a corruptos y recortadores sociales pero también a los nacionalistas que quieren romper España. Pensamos que la izquierda oficial actual no cumple ese papel que consideramos indispensable; más bien al contrario, la izquierda hoy dominante se ha puesto al servicio de los intereses nacionalistas, poniendo en peligro la unidad de España y la propia pervivencia del Estado democrático”.

“Las elecciones del pasado día 21 han demostrado que cuando las izquierdas juegan a ser nacionalistas, como lo ha hecho en Cataluña, los ciudadanos acaban dándoles la espalda y la nación entera sufre las consecuencias”.

Tanto Plataforma Ahora como dCIDE se muestran optimistas, “sabedores del momento histórico que vivimos”. Por todo esto, han fijado un plazo aproximado de un mes para completar dichas conversaciones, “tiempo breve pero suficiente para clarificar el camino que hemos de emprender en el futuro inmediato”. Añaden que “en caso de llegar a un acuerdo, el proceso que se hubiera acordado se pondría en marcha para desarrollarse en los términos y plazos que se hubieran pactado”.

Ambas organizaciones creen necesario “impulsar una alternativa política ubicada en la izquierda cívica, no dogmática ni sectaria, que reivindique la socialdemocracia y la justicia social, el Estado del Bienestar, las políticas sociales y medidas de regeneración democrática; al mismo tiempo, la defensa radical de la igualdad y la unidad de España; un proyecto caracterizado por la defensa del progreso, la justicia social y la igualdad que ilusione a todos los españoles”.

Ambas organizaciones señalan que “todo ello nos obliga a aunar esfuerzos y abrir el camino para sumar fuerzas y responder así a un sector muy amplio de la sociedad española, que no encuentra hoy ninguna fuerza política de esas características que responda a sus intereses e inquietudes. Creemos, además, que un acuerdo entre ambas organizaciones sería muy bien recibido por las personas que comparten y simpatizan con nuestras propuestas. Y habríamos constituido una referencia con efecto llamada a nuevas incorporaciones”.

Por todo esto, Plataforma Ahora y dCIDE han iniciado conversaciones para explorar la posibilidad de colaboración y/o integración de ambas organizaciones.

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Antonio Robles – Iceta y el supremacismo catalanista

Miquel Iceta no contempla la posibilidad de que Inés Arrimadas llegue a ser presidente de la Generalidad: “O el presidente soy yo o lo es un independentista”.

Tras la contundencia de la afirmación se evidencia, por una parte, la falta de una izquierda no nacionalista capaz de ampliar el perímetro electoral del constitucionalismo, y por otra, esconde un tufo supremacista impresentable.

1.NECESIDAD DE UNA IZQUIERDA NO NACIONALISTA.

¿Qué evidencia la afirmación de Iceta cuando asevera, que de ganar los constitucionalistas sólo él puede ser presidente? Evidencia que en Cataluña sólo puede ser presidente de la Generalidad un catalanista. Si Cs y el PPC no lo son, o no se declaran como tal, ni uno ni otro podrían encabezar un Gobierno de la Generalidad si por si solos carecieran de mayoría parlamentaria. Aun cuando Inés Arrimadas pudiera llegar a ganar las elecciones, o ser la más votada de los tres partidos constitucionalistas en liza (PPC, Cs y PSC). Tales consecuencias, deducidas de la afirmación de Iceta, demuestran que el catalanismo es clasismo, y el líder del PSC participa de forma natural de esa herencia supremacista por el mero hecho de formar parte de la atmósfera catalanista.

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Santiago Trancón – Nación y Estado

Nación y Estado son conceptos distintos, pero inseparables. A los conceptos hay que pedirles precisión, sobre todo a los conceptos políticos. Precisión significa que podemos atribuirles rasgos semánticos con que diferenciarlos de otros conceptos afines. Toda discusión debe empezar por precisar los conceptos. Si no se comparte el significado de las palabras es imposible confrontar enunciados o juicios. Conceptos precisos para expresar ideas claras: exíjaselo usted a los políticos, tertulianos y periodistas. Es la prueba del algodón: verá enseguida quién no sabe de lo que habla, quién engaña y quién, aun sabiendo que engaña, sigue engañando. Ejemplo: pregunte a Pedro Sánchez, a Iceta o a Iglesias por la “plurinacionalidad”. O más sencillo: ¿qué es para usted una nación?

Hablamos de nación política, que hoy es el único sentido que nos interesa. Dejemos de lado, para no confundir, la noción romántica de “nación cultural”, “étnica” o “lingüística”. Digo que nación es una forma de agrupación social. Los hombres somos seres sociales, no vivimos aislados, sino formando grupos. El primer grupo es la familia, basada en la consanguinidad y el parentesco. Luego hay otros, unos inclusivos y otros excluyentes, como el clan, la tribu, la etnia o cualquiera de las muchas  agrupaciones que hoy existen, desde una Iglesia a un club deportivo.

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Antonio Robles – La anomalía catalana

Inés Arrimadas: “Cs es el único partido que puede derrotar al secesionismo el 21-D“. Es posible, incluso probable. La cuestión no está en derrotar al secesionismo el 21-D, sino en derrotarlo a partir del 21-D. Y por las declaraciones que acaba de hacer Miquel Iceta pidiendo el indulto cautelar para los golpistas del 1-O, nada hace prever que tal empresa sea posible.

Si la declaración de principios que el PSC hizo al inicio de campaña prometiendo todas las reivindicaciones históricas del nacionalismo que nos han traído hasta aquí (modelo de escola catalana, relaciones bilaterales, condonación de la deuda, federalismo asimétrico, modelo de financiación similar al concierto y el cupo vascos, agencia tributaria propia, anulación de la sentencia constitucional sobre el actual estatuto para disponer de un TSJC como última instancia judicial… plurinacionalidad, monolingüismo institucional en Cataluña y multilingüismo para el resto de España), ¿qué acuerdo para formar Gobierno saldría del triunfo del bloque constitucionalista? Con estos mimbres, ¿qué derrota podría infligir Cs al secesionismo a partir del 21-D? ¿Cómo podría garantizar Cs los derechos civiles de todos los catalanes y restaurar la democracia en Cataluña?

Una vez más, la anomalía catalana nos recuerda el error o la renuncia de Cs a sus principios fundacionales al optar por suplantar al PP en lugar de acabar con la complicidad histórica de la izquierda con el nacionalismo, verdadera causa sociopolítica de la hegemonía moral de éste. Sin el concurso de la izquierda en general y del PSC en particular, nunca hubieran prosperado en política personajes esperpénticos como los que encabezan esta berrea flamenca.

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Santiago Trancón – El monotema independentista

Muchos están hartos del monotema. Por supuesto, se refieren a Cataluña y la matraca independentista. Lo de matraca lo ha puesto en circulación ese acompañante de celda de Jordi Sánchez -el filoterrorista cabecilla de la ANC-, que no soporta más la tabarra del iluminado que, ni aún en la cárcel (o sea, ni debajo del agua), puede olvidarse por un momento de la causa independentista y necesita hablar de ello hasta con las paredes, patología que deberá recoger la próxima edición de DSM. Lo calificó el penado de doble castigo, y creo que debería pedir, por ello, reducción de condena. No tener otra causa en la vida, ni siquiera poder rezar y hablar con Dios, como hace Junqueras durante las largas horas de vacío claustral, debe de ser una pesada carga. Carga y causa incausada y mágica, porque se remonta al paleolítico, donde los enemigos ni siquiera sabían hablar catalán. Ya se sabe que Cataluña es obra de Dios, no de los hombres, y así lo predicó Torras i Bages, aquel obispo trabucaire de mucho fuste.

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Pedro Insua – La mentira del franquismo y las lenguas

La acción represora del franquismo sobre el uso de las lenguas regionales es una de las mentiras más flagrantes y reiteradas de las que se ha valido el nacionalismo fragmentario para tratar de blindar su acción legisladora autonómica y poder así, con esa excusa, hacer y deshacer a voluntad en su ámbito regional correspondiente (estatutos, leyes de normalización lingüística, etc.). Una (presunta) represión la franquista que buscaba, al parecer, la imposición de la lengua española (castellana) sobre el resto de lenguas peninsulares, suponiendo ello, naturalmente, un retroceso injusto para las lenguas vernáculas, propias de cada región, que acaban siendo conducidas finalmente a la anormalidad (reducidas, se dice, a un uso clandestino, con hablantes despreciados, multados, encarcelados, incluso fusilados, se llega a decir, por el simple hecho de hablar en una lengua regional).

Esta represión ha valido pues, así en Galicia, como en Cataluña, en el País Vasco, etc., para justificar una legislación en sentido contrario, contrario a esa fantástica represión, buscando ahora normalizar, es decir, compensar y reequilibrar el uso de ese idioma propio por los cauces que, se supone, llevaría en cada región si no fuera por esa imposición política centralizadora del castellano. La lengua castellana, al transformarse en español, de un modo artificioso, forzado, violento en fin, ha invadido ámbitos que no le correspondían, ya ocupados por otras lenguas, siendo necesario ahora, incluso perentorio, compensar ese desajuste y devolver cada lengua a su lugar natural correspondiente.

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Antonio Robles – Cuando cualquier opción es derrota

Mientras el reality show Puigdemont sigue su curso y el delito penal de fondo se sustituye por enredos de visillo en tertulias televisivas, es preciso no dejarse arrastrar por la euforia ante la posibilidad histórica de que los partidos constitucionalistas den un vuelco electoral y puedan formar el primer Gobierno no nacionalista desde la reinstauración de la democracia.

El escenario que nos aguarda el día 21 no puede ser más desolador. A pesar de las manifestaciones constitucionalistas del 8 y el 29 de octubre, a pesar del declive de la hegemonía moral del nacionalismo, y de las encuestas, ninguna de las opciones que surjan de esas elecciones será buena.

Sobra decir que el peor escenario de los posibles es la formación de un Gobierno secesionista, con o sin la participación del partido de los comunes de Inmaculada Colau. ¿Pero la formación de un Gobierno constitucionalista, PSC, Cs, y PP, sería el fin del nacionalcatalanismo? En sus apariencias y formas, parecerá; en sus contenidos, consolidará el programa de exclusión cultural y lingüística e impondrá un federalismo asimétrico en lo económico, en lo judicial, en lo nacional y en lo judicial. No lo digo yo, lo pretende llevar a cabo Miquel Iceta.

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Exiliados por no hablar catalán: «No nos fuimos por cobardía, sino por impotencia»

Son las víctimas silenciadas de la «dictadura del catalán». Su lucha no la han librado en el Parlament ni en los tribunales sino en las aulas, donde desde los años ochenta, con la llegada al Govern del expresidente Jordi Pujol, «los soberanistas han jugado su gran baza para imponer una realidad nacional excluyente».

Varios profesores que se han visto forzados a abandonar Cataluña por oponerse al plan de los nacionalistas de catalanizar la enseñanza relatan a ABC cómo fueron «sus duros años en la trinchera educativa».

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