Mes: febrero 2017

¿Quiénes son los malos?

Hagamos una primera definición: Malo es quien realiza consciente y voluntariamente el mal. Y el mal es, ante todo, causar dolor y sufrimiento a los demás. Como casi todo, el mal tiene grados: causar un pequeño mal no es lo mismo que arruinar la vida a alguien. Ser malo de vez en cuando no es lo mismo que ser un malvado redomado.

Marx fue el primero en definir el mal, no desde supuestos morales o religiosos, sino políticos y sociales. No habló del infierno, sino de explotación del hombre por el hombre, o sea, del infierno en esta vida y esta tierra. Cambió lo de ricos y pobres por burguesía y proletariado, y aquello de que es más fácil que un camello pase por el agujero de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos, lo sustituyó por la lucha de clases (eso de la aguja no se refiere a la de coser, sino a una puerta estrecha; lo digo porque a mí de pequeño nunca me lo aclararon, y me devané los sesos con la comparación, aunque luego entendí mejor el surrealismo).

Digo que la pregunta de quiénes son los malos, desde Marx, tiene inevitablemente un sentido político, pero eso no impide que nos lleve también a consideraciones más ontológicas o metafísicas.

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Ni rojos ni azules, Albert Rivera

El congreso Ni rojos ni azules de C’s, celebrado en Coslada los pasados 4 y 5 de febrero, ha sido la culminación de un larvado empeño de Albert Rivera por sustituir el legado cívico que hizo posible el nacimiento de C’s en 2006 por uno personal. Que nadie se engañe, hoy Ciudadanos sólo conserva la carcasa, el aura mediática de aquella voluntad largos años reivindicada para hacer de los excluidos del nacionalismo ciudadanos de primera.

Tres impulsos, entre todos, fueron los que generaron su necesidad: la oposición al nacionalismo para lograr una sociedad posnacionalista plenamente democrática; segundo, la recuperación de los derechos lingüísticos de todos, y tercero, acabar con la corrupción económica (dos años antes se había destapado el escándalo del 3%) y política (era preciso sustituir al PSC, devolver a las clases más desfavorecidas el control de sus votos y su dignidad cultural).

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Trabajos invisibles

Las nuevas tecnologías digitales, la robótica y su eficacia en la producción de bienes y servicios, está reduciendo exponencialmente los puestos de trabajo. La alarma ante esta circunstancia no es nueva, ya en la primera revolución industrial las máquinas eran vistas por los obreros con recelo porque vieron en ellas la causa de los bajos salarios y la reducción de puestos de trabajo en las empresas donde se asentaban. Pero en realidad fue todo lo contrario, no sólo crearon nuevos puestos de trabajo, sino que produjeron más bienes y más asequibles para un mayor número de personas.

Ante la crisis actual y el elevado paro que se resiste a bajar, puede que nos debamos replantear la leyenda nunca cumplida de la sustitución del hombre por la máquina. Puede que, por primera vez, el paro elevado se acabe convirtiendo en estructural, dándose la paradoja de que cuanto más eficaces se hagan las empresas y más se capitalicen, menos puestos de trabajo generen.

Si ese panorama es el futuro o sólo es un paréntesis más que el sistema volverá a absorber, no cambia la realidad. Y la realidad, en España al menos, es que un paro estancado en el 20 % de la población necesita imaginación y políticas sociales capaces de revertir la situación si queremos mantener la sociedad del bienestar y la justicia social.

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La Ley de Lenguas: el manifiesto Koiné

Las lenguas en la España Autonómica se han convertido en manos de los nacionalistas en una herramienta étnica de exclusión y de construcción nacional. Pasadas las primeras campañas de recuperación y normalización en la década de los ochenta, han acelerado sus objetivos supremacistas en los últimos tiempos con dos cruzadas aparentemente excluyentes, pero con idénticos intereses ideológicos nacionalistas. Las dos han estado lideradas desde Cataluña. Como siempre.

Una se inició en 2013 desde el Senado que acabó concretándose en el manifiesto de una ley de lenguas, cuyo objetivo era otorgar a todas las lenguas regionales el rango de oficiales en todo el territorio nacional en igualdad de condiciones a la lengua común. Y otra, este mismo año 2016, con otro manifiesto que pedía la oficialidad única del Catalán en Cataluña.

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Política y fe (y viceversa)

Hay una estrecha relación entre fe y política (y entre política y fe). La política promueve la fe, exige la fe, y la fe, a su vez, sostiene la política.

Fe es creer en lo que no vimos (y en lo que no vemos), pero también decimos «si no lo veo, no lo creo» y «ver para creer», que es una definición de fe «ad contrarium». Todavía queda un rizo: hay que creer para ver, para ver algo antes hemos de creer en ello (al menos, creer que puede existir). Somos un poco complicados, sí, nos gusta rizar y desrizar el rizo.

La política es uno de los muchos aspirantes a sustituir a la religión, una vez que ésta ha dejado de ser útil para guiar y orientar nuestra vida (al menos en Occidente). La religión exigía una fe ciega, muy difícil de mantener ante las exigencias de la vida real. Desde el Renacimiento, el espacio que la religión ha dejado libre se lo han disputado el arte, la razón, la técnica, la cultura, la ciencia. También la política. Marx fue el primero en entender la política como un sustituto de la religión.

Todo lo dicho me autoriza a hilvanar esta reflexión sobre las relaciones entre política y fe, fe y política. Nada de extraño que oigamos con frecuencia eso de «yo no creo en la política». Es un intento fallido de liberarnos del influjo inevitable de la política en nuestra vida. Es como la fe del ateo: para no creer también hay que tener fe.

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Iñaki Gabilondo, ¿y usted qué ha hecho?

En plena euforia del proceso constituyente de Cataluña (o sea, del golpe de Estado institucional por fascículos) Iñaki Gabilondo se preguntaba alarmado con voz afectada y aires apocalípticos: Cataluña se va, ¿es que nadie se da cuenta? ¿nadie hace nada por evitarlo? Íbamos camino del mítico 2014.

Imprescindible para seguir leyendo este artículo escuchar los 4,44 m. del vídeo, Cataluña se va. Hay que estar ciego para no verlo.

No se dejen impresionar. Esas evidencias que no supo, no quiso o no le interesó combatir en su momento siguen contaminadas de condescendencia con el nacionalismo, aunque parezcan que lo están combatiendo, pues pone la responsabilidad del apocalipsis que se avecina en quienes deberían haberlo impedido, y no en quienes lo han activado. O dicho de otro modo, en pleno éxtasis independentista, nos alerta de que la voluntad de Cataluña para irse de España es ya irreversible, es decir, subraya el poder desplegado por los nacionalistas y remarca la debilidad del Estado ante él.

Aunque su mayor contribución es tratar a las fuerzas nacionalistas como la voluntad de un pueblo incomprendido y no como un colosal lavado de cerebro dispuesto por una casta catalanista que detenta el poder económico, político y moral durante los dos últimos siglos, y cuya influencia le ha permitido neutralizar a la propia izquierda que en otros tiempos la combatió.

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El imperialismo lingüístico de Cataluña toma las aulas de Valencia

El decreto de Plurilingüismo del gobierno valenciano del 27 de enero de 2017, que supone una inmersión parcial, será el Caballo de Troya del imperialismo lingüístico catalán en la Comunidad Valenciana. De raza le viene al galgo, lo preside Ximo Puig (PSOE), y cuya consejería de educación la ostenta, Vicent Marzà de Compromís, un partidario de la independencia de Cataluña y de la entelequia de els països catalans.

Si hasta ahora los padres podían elegir libremente la lengua en que mayoritariamente querían estudiar sus hijos, ahora será el consejo escolar con mayoría de 2/3, o la propia dirección del centro, si no se alcanza esa mayoría, quienes determinarán en qué idiomas deberán estudiar sus hijos. Detrás de esa voluntad de despojar a los padres del derecho a elegir la lengua vehicular de sus hijos, se busca convertir el valenciano en la lengua prioritaria de la enseñanza y relegar al castellano, progresivamente, a un segundo plano. El modelo es un falso trilingüismo diseñado para priorizar la enseñanza en valenciano.

El juego de manos para llevar a cabo el atropello es un laberinto de seis itinerarios donde mediante el cebo del prestigio del inglés se induce sibilinamente a los padres a escoger el modelo donde se imparten más horas en este idioma. Es decir, en los itinerarios de valenciano.

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La aplicación del artículo 155

Me he quedado afónico, afásico y hasta ágrafo advirtiendo que el nacionalismo catalán es intrínsecamente secesionista, que su principal objetivo es separarse de España «sea como sea». Desde 1981 en que escribí, en opinión de Arcadi Espada, «el primer manifiesto de la democracia», anunciando y denunciando lo que hoy es una realidad cegadora, se han ido acumulando atropellos a la democracia y la progresiva imposición de un régimen dictatorial que conculca los derechos fundamentales de los ciudadanos catalanes con total impunidad. Sólo el 2016 se han producido allí 178 vulneraciones a la legalidad constitucional.

Olvidémonos de todos los apaciguadores y corruptos que han permitido llegar hasta el punto de no retorno actual, ese que algunos todavía se niegan a reconocer. Digo que ya no podremos volver atrás, que necesariamente hemos de ir hacia delante, hacia un lugar nuevo pero que, paradójicamente, no es otro que el que señala la Constitución. Invoquemos algunos artículos que nos obligan (que obligan al Gobierno) a actuar sin más demora. Son esos artículos que los independentistas y todos sus seguidores (incluido Podemos, el acólito más servil) quisieran arrancar de la Constitución:

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La hora de los cabestros

Me gustaría escribir con moderación, con buenos modos, modales y maneras. Con contención, sin elevar el tono, con la calma que otorga la razón y las buenas razones. Hay momentos en los que esta actitud, sin embargo, no sólo no sirve para nada, sino que desvirtúa el mensaje, inutilizándolo. La corrección política se convierte entonces en pura cobardía, la condescendencia en consentimiento, el silencio en colaboración necesaria.

Me viene en tumulto, a borbotón, el rico vocabulario nacido del pasmo que produce el toparse irremediablemente con alguien incapaz de reaccionar ante una situación límite, sobre todo cuando tiene la obligación y la responsabilidad de hacerlo para bien de todos. Cretino, lerdo, mentecato, lelo, pasmao, imbécil, bobo, atontao, estúpido, besugo, borrego, merluzo, asno, fatuo, majadero, zopenco, tarugo, zoquete, obtuso, idiota, insensato, necio. Son algunos de los términos que ofrece nuestra lengua, tan exuberante, para el desahogo del cabreo.

Digo que no voy a moderarme en exceso, así que me referiré al Presidente del Gobierno. «Espero que la Fiscalía confirme que estas afirmaciones no son ciertas», ha dicho Rajoy sobre las «preocupantes» declaraciones del juez Vidal en que hace una exhibición jactanciosa del golpe de Estado que el independentismo catalán está llevando a cabo

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