Etiqueta: Santiago Trancón

Santiago Trancón – Individuo contra grupo, y viceversa

En cuanto uno se pone a pensar sobre lo que sea, se topa enseguida con esa contradicción básica: individuo contra grupo, grupo contra individuo. Como es ineludible, uno concluye que el problema no es la incompatibilidad de esos dos polos, sino su necesaria armonización y equilibrio. Un individuo sin el grupo, perece; un grupo sin individuos, acaba desapareciendo igualmente. El individuo puede matar al grupo, del mismo modo que el grupo al individuo. Así que nada más importante que desarrollar la propia individualidad al mismo tiempo que uno aprende a integrarse en la sociedad y en alguno de los muchos grupos que la componen (desde la familia y el trabajo, a los amigos o el partido político con el que se identifica).

La sociedad moderna ha ampliado el espacio de la individualidad, permitiendo al sujeto tomar una mayor conciencia de sus posibilidades personales, invitándole a desarrollarlas por encima de presiones sociales o de grupo. Históricamente, esta ampliación de los ámbitos de libertad individual ha producido, sin embargo, un efecto de retracción, de miedo y repliegue en la protección del grupo, como estamos viendo en el resurgir de los nacionalismos.

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Santiago Trancón – La Plurinecedad del nuevo PSOE

Ayer escribí en mi Facebook: “No existe una manzana de manzanas, pero sí parece que exista un melón de melones: el nuevo PSOE”. El esperpento nacional ya no cabe en los espejos del Callejón del Gato. El neo PSOE-Podemos ha roto los cristales a martillazos: mejor no tener que mirarse y analizar si la figura grotesca que aparece en ellos es cóncava o convexa. Acoso y derribo de la razón, la palabra, el pensamiento, el lenguaje como instrumento para entendernos, ayudarnos, apoyarnos e intentar mejorar la vida en común, el bien común, la verdad común.

Es tal la plurimelonada mental que ha mostrado el 39 Congreso del PSOE, tan abrumadora su indigencia intelectual y política, que uno entiende la ira de los profetas, los negros vaticinios del ciego Tiresias y el abatimiento de los prudentes. Todo ha sucedido tan rápido como una pesadilla, tan deprimente como una reunión de payasos, tan extravagante como un baile de pingüinos. Han triunfado los más necios, mientras los que todavía guardan alguna idea sensata en su cerebro salían por la puerta de atrás con tanta incertidumbre como cobardía.

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Santiago Trancón – Justicia y caridad

Meto pluma en este espinoso tema de las relaciones entre caridad y justicia a raíz de las donaciones millonarias que Amancio Ortega ha querido hacer a la sanidad pública a través de las autonomías, con el sorprendente resultado de que algunas de ellas han denunciado esta importante ayuda, incluso escandalizadas. Una Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública habla de que no hemos de «recurrir, aceptar, ni agradecer la generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad». Hasta descubren en el gesto, destinado a dotar de aparatos médicos de última generación a los hospitales públicos, una ¡«penetración de la ideología neoliberal en la utilización de la tecnología médica»!

Justicia, digamos, contra caridad, vieja polémica. La pregunta más elemental, que a cualquiera, incluidos los millones de beneficiados que podrán tener mejores medios de detección y cura del cáncer gracias a esas donaciones, es la siguiente: ¿tiene algo que ver el culo con las témporas?

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Santiago Trancón – Dignificar la política

La política. Nadie habla bien de ella. Es una actividad tan despreciada como despreciable. Hecha (y henchida) de mentiras, engaños, traiciones, ambiciones infames. Compendio de todo lo ruin, abyecto, depravado y aborrecible. Así nos la hacen ver y sentir la mayoría de los políticos. Dan pruebas de ello cada día. Sin embargo, ¡oh paradoja!, los necesitamos, los apoyamos, los votamos. Algunos, incluso, los admiran y envidian. Lo más llamativo es ver a políticos hablar mal de la política y los políticos. Escuchen a algunos dirigentes de Podemos. Dan por supuesto que ellos no son políticos porque son distintos. No pertenecen a esa casta de malditos bastardos.

Recuerdo aquello de Franco: “Haga como yo, no se meta en política”. Trump también ha dicho que él no era político ni aspiraba a serlo. “La política es sucia”, ha sentenciado. Cuando se exhibe tan descarada muestra de cinismo lo que queda en entredicho no es la naturaleza de la política, sino la democracia. Lo que estorba no es la política, sino la política democrática, el control democrático de la política. ¿Pero es inevitablemente inmunda y perversa la política?

Aclaremos el concepto. En sentido estricto, política es todo lo que hacen los políticos: establecen leyes, toman acuerdos, ejecutan decisiones, controlan su cumplimiento. En una democracia, todo esto se lleva a cabo por delegación, mediante partidos, votaciones y elecciones. El objetivo es ordenar y controlar la vida en común, las relaciones sociales y la distribución de bienes y servicios. Algo imprescindible para que una sociedad funcione.

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Santiago Trancón – La democracia del 50%

El mayor error de la Transición fue suponer que con cambiar las estructuras políticas generales (partidos, elecciones, Parlamento…) y redactar una Constitución, ya teníamos un sistema democrático. Nadie se preocupó por construir un sólido entramado de instituciones democráticas, imprescindible para el buen funcionamiento de un Estado democrático. Tampoco se pensó en la necesidad de llevar a cabo una labor general de educación política y democrática. El resultado ha sido que, desde el inicio, nuestra democracia ha funcionado mal y, con el paso del tiempo, sus carencias y anomalías han ido en aumento.

Nadie quiso reflexionar sobre un principio básico: que no hay democracia sin demócratas. Y que nadie nace demócrata. A la muerte de Franco podría haber muchos antifranquistas, pero había muy pocos demócratas. Con el tiempo se vio que el problema no era la pervivencia de franquistas antidemócratas, ni siquiera el llamado “franquismo sociológico” (destinado a desaparecer), sino la escasez de demócratas convencidos. Hoy el problema incluso se ha agudizado. La degradación, deterioro y debilitamiento de la democracia se extiende a todos los ámbitos.

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Santiago Trancón – Los referendos de Hitler, Franco y Puigdemont

Los nacionalistas catalanes, con su agotador empeño en imponernos un referéndum separatista, han logrado que una mayoría identifique referéndum con democracia. Oponerse a su referéndum es ser un facha antidemócrata. La incapacidad para contrarrestar una falacia tan corrosiva ha dado alas a los independentistas que no cesan de repetir que el 80% de los catalanes exige ese referéndum. La torpeza del Gobierno y de los demócratas para desmontar este falso argumento, legitimador del proyecto secesionista, es una prueba de la indigencia intelectual y la incapacidad moral y política de la mayoría de nuestros dirigentes.

¿Es tan difícil demostrar que el referéndum no es en sí mismo ningún instrumento democrático, que los referendos no son ninguna prueba de democracia, que han sido usados por todos los dictadores para legitimar su poder (Hitler, Franco, Pinochet, Castro…), que para ser aceptables han de cumplir una serie de requisitos democráticos previamente reconocidos y que no existe, por tanto, ningún «derecho al referéndum»?

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Santiago Trancón, del CINC: ‘Es imprescindible aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña’

Madrid.- Filólogo, profesor, escritor y uno de los fundadores del Centro Izquierda Nacional (CINC), Santiago Trancón concede una entrevista a La Voz Libre en la que habla de la situación en Cataluña, de la urgencia de aplicar el artículo 155 y, por tanto, suspender la autonomía de la comunidad catalana, de los objetivos de su partido o de cuál sería la solución para frenar al separatismo.

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Santiago Trancón – El estado del golpe de Estado

Los menos jóvenes tenemos en la cabeza el modelo Tejero de golpe de Estado: un acto de fuerza súbito, urdido mediante conspiraciones secretas, que trata de tomar el poder y subvertir el orden legal establecido. Si no triunfa, los cabecillas van a la cárcel, son condenados a largas penas o directamente ejecutados. Los golpistas asumen el riesgo, saben lo que se juegan. El otro modelo de golpe de Estado es el catalán, que se lleva a cabo desde las instituciones y que ejemplariza la imagen de Companys en el balcón de la plaza San Jaime proclamando el Estado Catalán en el 34.

Ambos modelos enfatizan el momento decisivo en que se expresa públicamente la voluntad de cambiar el orden legal establecido por otro que está por establecer y que se impondrá por la fuerza de los hechos. La diferencia está en que el modelo Tejero es abiertamente subversivo y no duda en usar la violencia para tomar el poder, mientras que el catalán parte de una toma previa de las instituciones y se presenta luego como la consecuencia natural de la voluntad del pueblo. No usa la violencia física, sino una violencia institucional, verbal, psicológica, de control de la opinión mediante la propaganda, la amenaza, la imposición, la detentación del poder.

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Santiago Trancón – A propósito del despropósito de la Hispanic Society

Aprovechando que el Pisuerga de la Hispanic Society pasa estos días por Madrid, quisiera desahogarme un poco y, como dijo Calderón por boca de Segismundo, «sacar de mi pecho, un Etna hecho, pedazos del corazón». Pocas cosas me enfurecen tanto como el comprobar la destrucción de nuestro patrimonio artístico y arquitectónico, un fenómeno que viene de lejos, pero que sigue hoy, como prueba, por ejemplo, la destrucción de Lancia, denunciada una y otra vez por la asociación Pro Monumenta.

Sobre la Society ya ha escrito aquí un excelente artículo Julio Llamazares, que sitúa el asunto en su lugar y justo término: el del saqueo y el latrocinio, como bien le explicó Erik el Belga en persona. Entre la rapiña que el magnate Huntington, fundador de la Society (una sociedad privada), llevó a cabo con aparente legalidad, pero con total impunidad y alevosía, señala Llamazares, «47 sitiales procedentes del monasterio de Carracedo, en el Bierzo, dos esculturas de plata del orfebre leonés Juan de Arfe, así como una preciosa talla cacabelense de San Martín o monedas con el sello de la primera reina peninsular que acuñó moneda, la célebre doña Urraca».

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Santiago Trancón – Poner una pica en Cibeles

Conocida es la hazaña de Carlos V que tuvo que atravesar Europa con sus ejércitos desde Génova para imponer su dominio en la lejana Flandes, donde sus soldados clavaron sus picas. El acto simbólico que consagra una victoria militar se anuncia colocando el pabellón (la bandera) en lo más alto. Puigdemont, con su cohorte de mossos al mando del sargento Junqueras el Grosso, se dispone a colocar la estrellada en Cibeles. A diferencia del imperator, el president llegará cómodamente en Ave o en avión, y será recibido con la bendición y la venia carmelitana de la alcaldesa. Haciendo honor a su apellido, se subirá al pico más alto del monte capitalino y desde allí lanzará su arenga al mundo entero para que todos los medios se hagan eco de su hazaña. La toma del palacio de invierno de Cibeles no encontrará resistencia alguna, salvo algún tímido rechazo por parte de algún representante político debidamente autorizado. Los demás callarán y se ocultarán como batracios bajo el fango por miedo a ser tachados de fachas contrarios a la libertad de expresión.

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Santiago Trancón – Falacia de la singularidad

La falacia es un embuste, una argucia, una patraña con la que se pretende encubrir algo falso para que parezca verdadero. Susana Díaz, para contrarrestar la deriva plurinacionalista de Pedro Sánchez, ha dicho que es partidaria de reformar la Constitución para reconocer la singularidad de Cataluña (y suponemos que también la del País Vasco, Galicia y Andalucía, al menos). Frente a un roto nos propone un descosido. Pero, ¿a qué carallo llaman singularidad?

Singular es lo único, lo que en algo esencial se diferencia de otro o de otra cosa. Aplicado a las personas, quiere decir que cada individuo es único, porque hay algo esencial en él (desde el ADN a la conciencia de sí mismo), que es distinto de otro ser humano. Cada persona es una totalidad indivisible (individuo), diferente, distinta, singular. Eso no impide que comparta su condición humana con todos los demás y que, por lo mismo, tenga unos derechos humanos comunes entre los que se encuentra el derecho a que se respete su singularidad.

Hablar de singularidad para aplicarlo a una colectividad es, sin embargo, una aberración semántica. Lo singular no puede ser colectivo a la vez.

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Santiago Trancón – Democracia real, ¿se acuerdan?

La sociedad actual no es homogénea: ni ideológica, ni cultural, ni económicamente. Los vínculos que en otro tiempo sirvieron para crear grupos más o menos homogéneos (tribus, clanes, etnias, pueblos), basados en la identidad, han sido sustituidos por el único elemento posible hoy de integración social: la pertenencia a una comunidad política. Pertenecer a una comunidad política es un hecho ineludible, obra del azar, del que uno sólo puede desvincularse mediante un acto explícito y voluntario. No depende, por tanto, de ningún sentimiento ni de ninguna voluntad previa. Yo soy español pública, social y legalmente, y este hecho no depende de mi ideología, mi lengua, mi cultura o mi situación económica. Mi sentimiento de pertenencia puede ser fuerte, débil o nulo, pero esto no cambia para nada lo fundamental: el reconocimiento de mis derechos y obligaciones como miembro de la comunidad política llamada España. La forma que hoy adopta esta comunidad es la de un Estado democrático, del que es inseparable. Ser español es, por encima de todo, ser ciudadano de un Estado Democrático. La condición de ciudadano demócrata es, en consecuencia, el elemento común de todos los españoles.

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Santiago Trancón – Redefinir a la izquierda

El socioliberal Emmanuel Macron ha ganado la primera vuelta de las presidenciales en Francia. Vuelve con él el debate sobre la división entre izquierda y derecha. Muchos ya proclaman la desaparición de esta dicotomía, considerada anacrónica. No es la primera vez que se anuncia. Recordemos que el nacionalsocialismo, el fascismo y la Falange nacieron para acabar con las derechas y las izquierdas. Todos los populismos empiezan afirmando lo mismo. De Gaulle llegó al poder con un discurso parecido. Nada de extraño que Macron haya dicho: “Como el General de Gaulle, elijo lo mejor de la izquierda, lo mejor de la derecha e incluso lo mejor del centro”. El matiz está en que no pretende acabar con esas categorías, sino superarlas.

Macron es la cara amable de la derecha liberal

Tenemos que preguntarnos qué hay de nuevo en esta oferta política, en qué se diferencia de la tercera vía de Tony Blair o incluso de la tradicional socialdemocracia. Imposible saberlo. Podríamos decir que se trata de lo mismo, pero ahora definido desde la derecha. Macron es la cara amable de una derecha liberal, pertenece a las élites preocupadas por los populismos que amenazan la economía libre y la globalización del mercado. Necesita aparecer como no contaminado por los viejos poderes, hoy desacreditados, pero su trayectoria es indiscutiblemente de derechas. Su mensaje se asienta en los mismos principios e incluso repite mensajes que en nada se diferencian de los populismos de siempre: “Un hombre nuevo para una Francia en marcha”. En Marche! se llama su partido, que sustituye la ausencia de siglas definidoras por las iniciales del propio líder.

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