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Pau Guix – La Cataluña real sube al escenario

Estas últimas semanas la Cataluña real se ha hecho presente no sólo en dos multitudinarias manifestaciones sino a diario en las calles, en los trabajos, en los domicilios, en los bares, en los medios de comunicación, en las asociaciones, en la Administración catalana, en los colegios profesionales, en definitiva, en donde siempre había existido pero donde callaba por una ley del silencio impuesta con coacciones y bajeza moral por el omnipresente nacionalismo, esa ideología del odio, de carácter totalitario y uniformizador, que ahora debe rendir cuentas en los tribunales por rebeldía, sedición y malversación del dinero público, es decir, de los recursos de todos los catalanes y del resto de españoles que viven en mi amada tierra.

Pero si esto ha sido posible es porque una parte de la Cataluña real –al menos una pequeña parte– ya lleva mucho tiempo hablando y denunciando los horrores del nacionalseparatismo que han llevado a Cataluña a una situación económica impensable – con casi 2.000 empresas fugadas en un mes– y a una situación social de división y
fractura de la ciudadanía desconocida desde la época de la Guerra Civil Española. Vaya aquí mi homenaje a muchas personas y asociaciones que han hecho esto posible gracias a su actividad, militancia y publicaciones a lo largo de las tres últimas décadas (no los citaré porque el listado es extenso y sería injusto dejarme a una sola de ellas fuera).

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Pau Guix – Rufián Iscariote y las treinta piezas de plata

Estas tres últimas semanas la Cataluña real ha hablado. Ha dicho en voz alta ¡basta! Basta ya de esta situación anómala en cualquier democracia avanzada, basta ya de deslealtad institucional, basta ya de fractura social, basta ya de desertización económica y empresarial, basta ya de agitprop en los medios de comunicación, basta ya de adoctrinamiento escolar, en definitiva, basta ya de vivir bajo el pernicioso, malévolo y ominoso yugo del nacionalismo que ha secuestrado las instituciones catalanas y las ha puesto al servicio exclusivo de su ideología supremacista y de su casta dirigente.

Hoy mismo se ha consumado el segundo golpe de Estado a nuestra moderna democracia, orquestado por el nacionalseparatismo catalán. Pero que en una democracia occidental avanzada haya podido acaecer algo así es harto difícil de entender si no ha habido quienes han ejercido de colaboradores necesarios para la propagación de este mal que asola Cataluña y aqueja a los catalanes. Son aquellos que han entregado Cataluña a los nacionalistas por 30 piezas de plata o su equivalente político del apoyo parlamentario. Cataluña –y me refiero al conjunto de sus habitantes– ha sido, desde la restauración de la Democracia en España, siempre la moneda de cambio de los acuerdos parlamentarios de los dos partidos políticos mayoritarios, PP y PSOE, para afianzarse en el poder a costa de pactar con el nacionalismo y en pago entregarle muchas piezas de plata –entiéndase competencias– que jamás deberían haber sido entregadas, como la educación ya que sin ésta difícilmente habríamos llegado a la situación actual.

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Pau Guix – Cautivos del mal

La Cataluña tribal, la Cataluña paleta, la Cataluña adoctrinada en los colegios, la Cataluña inducida a la letargia de la razón mediante las consignas de los medios nacionalseparatistas, la Cataluña xenófoba y supremacista, la Cataluña –de la imposición– monolingüe, la Cataluña del odio y el rencor, la Cataluña que venera a terroristas como Otegui y Sastre, la Cataluña del relato propagandístico 24/7 de la TV3, la Cataluña del enésimo desacato de las sentencias judiciales, la Cataluña victimista que finge falsas agresiones policiales –y que se sirve de ellas para hacer AgitProp en redes sociales– con total impunidad, en definitiva, la grotesca caricatura de lo que realmente debería ser Cataluña y no es, finalmente está en pie de guerra.

Votaciones ilegales en urnas de Ali Babá –nunca un nombre fue más apropiado­ fuera de su contexto–, censo sin garantías legales, ubicuos creyentes votando 4 veces o más, urnas llenas antes de empezar la votación, el uso de niños como escudos humanos, la desaparición del Estado de Derecho en Cataluña, la sedición institucional y de grupúsculos violentos –ya sean de la CUP, de ERC, Comuns, podemitas o cualquiera de sus violentos amigos antisistema de toda Europa a los que han invitado a la fiesta–, el totalitario e injustificable uso político de la policía autonómica, los episodios de acoso, ataques e insultos a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado –que obedecían órdenes judiciales–, la fuerza como razón, el desprecio como gesto, la negación de la realidad como principio,  el odio como credo, este conjunto se ha convertido en el día a día de esta Cataluña que se halla bajo el yugo nacionalista.

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