Las respuestas dadas por el PSOE y por Cs sobre la conveniencia o no de aplicar el artículo 155 de la Constitución para neutralizar el golpe institucional en ciernes son la última aportación a la hegemonía moral del nacionalismo. La de Pedro Sánchez porque busca en la sacralización del diálogo una forma de asegurarse los votos futuros del nacionalismo para llegar a la Moncloa; la de Albert Rivera, porque definitivamente ha asumido la hegemonía moral del catalanismo, o por decirlo de forma exacta, ha interiorizado el campo de juego de sus chantajes emocionales. El primero está entregado a la plurinacionalidad, es decir, al nacionalismo, el segundo a la deconstrucción de la rebeldía inicial de Cs tan esencial para lograr una sociedad posnacionalista. El cálculo electoral y la aspiración a convertirse en heredero de los despojos de Convergencia y Unión han pesado más que el coraje de un hombre de Estado.
¿Por qué no son solo dos errores, sino sobre todo dos dejaciones pusilánimes de sus funciones?
…