Antonio Robles – Dos varas de medir la corrupción

En estas últimas horas estamos asistiendo a la cristalización de la corrupción sociológica: dos hechos idénticos, dos focos de corrupción idénticos son percibidos de forma completamente diferente por los ciudadanos que los han sufrido. ¿En función de qué? Del territorio donde viven.

Sabemos y detestamos la nula predisposición de los partidos a enfrentarse a su propia corrupción. Hasta nos han acostumbrado a aceptarlo como si fuera una fatalidad. Pero que sociedades enteras consientan, encubran, justifiquen, incluso glorifiquen a sus propios saqueadores convierte la obscenidad en patología.

En los últimos tiempos algunos prebostes fundamentales de la construcción nacional de Cataluña, el juez extorsionador Pascual Estevill, nombrado vocal del Consejo General del Poder Judicial en 1994 por encargo de Jordi Pujol; el gestor de la cueva del Palau de la Música y sus 400 familias, Félix Millet; el mil veces consejero de los gobiernos de Pujol Macià Alavedra, o su mano derecha, Lluís Prenafeta, han confesado por fin que fueron unos chorizos redomados mientras ejercían su acción de gobierno. Da grima recordar cómo estos impresentables arremetían indignados en nombre de la cultura, la nación y la lengua catalanas cada vez que les recordábamos sus excesos en la construcción nacional.

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