Pablo Errejón contra Íñigo Iglesias

Se pelean, se besan, se atacan, se abrazan. El periodismo de corral (casi todo) se entrega con obsesión patológica a contarnos el enfrentamiento entre estos dos gallos y yo, harto de tanto cacareo, me propuse conocer de primera mano la divergencia, el choque, el drama shakespeariano, versión deluxe (que quiere decir distinguida, de lujo). He dedicado unas horas a leer los documentos que cada uno de los contrincantes ha ofrecido a la consideración del pueblo y, confiésolo, la decepción ha sido irremediable.

Iba con mi mejor disposición intelectual, porque soy fatalmente racional y curioso, y eso obliga a apartar prejuicios y fobias para colocar la reflexión en el centro del debate (del tablero, diría Íñigo). Así que hablo con fundamento y propiedad (yo soy uno de los de abajo, y seguramente uno de los pocos que ha leído de abajo arriba los documentos en disputa) y les ofrezco mi valoración para ahorrarles el esfuerzo (¡lo es!) de leerlos y analizarlos. Mi conclusión es que son como dos que van por la misma carretera y empiezan a adelantarse uno a otro: ahora me pasas, ahora te paso yo, etc.

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