Posverdad y mentira

La palabra del año. En el trapicheo de las modas, faltaba la moda de las palabras de moda. Ésta ha ganado el concurso de Miss Palabra. Pues aprovechemos el momento antes de que se pase de moda. El destino de todas las palabras ‘post’ es efímero. Le pasó a la postmodernidad. Después de algo tiene que venir algo, aunque sea la nada. Por ejemplo, ‘post mortem’ o ‘post coitum’, que suenan mejor en latin. Posverdad también suena mejor que ‘post-truth’, pero pierde en la traducción esa referencia a «the real facts about a situation», la realidad de los hechos, significado que se ha ido diluyendo en nuestro concepto de verdad. Quizás por eso no llega a cuajar la palabra entre nosotros, porque aquí ya hace mucho que nos hemos inventado la posverdad y hasta la posmentira. Me explico.

El impacto del término ‘post-truth’ nace de descubrir que la política no necesita argumentar ni convencer con la verdad de los hechos, sino que los puede inventar y tener el mismo éxito. Así lo ha demostrado Trump, asesorado por Putin, que ha empezado a usar las falsas noticias como una nueva arma de destrucción masiva de sus adversarios.

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