Servicios sociales

ASEGURAR LAS AYUDAS Y SERVICIOS SOCIALES BÁSICOS PARA QUIENES MÁS LO NECESITAN

 

Nuestra sociedad, fundamentada en el principio del respeto a la propiedad privada, la libertad de mercado, la acumulación de riqueza, la libre competencia e iniciativa particular, ha generado un alto grado de desarrollo y bienestar material que se ha extendido a gran parte de los trabajadores y clases medias. En este reparto de los bienes y la riqueza ha sido fundamental la intervención del Estado, no sólo regulando las relaciones entre trabajadores y dueños de los medios de producción y distribución, sino creando las condiciones para ese desarrollo, controlando la explotación de los recursos naturales y la defensa del medio ambiente, desarrollando infraestructuras, extendiendo de la educación, la sanidad y la protección social a todos los ciudadanos, promoviendo los sectores industriales básicos, creando las condiciones jurídicas, de seguridad y defensa imprescindibles para el orden y la convivencia, etc. El Estado tiene que seguir cumpliendo su misión impulsora, reguladora y redistributiva.

Pero el capitalismo actual ha generado, al mismo tiempo, grupos de exclusión y marginación cada día más extensos, incapaz de integrar dentro de su sistema productivo y de bienestar a capas de la población que, herederas de una situación de precariedad y pobreza, han ido perdiendo toda oportunidad de mejora, empezando por la imposibilidad de acceder a un mercado de trabajo cada día más escaso y en condiciones de sobreexplotación e inseguridad. Es aquí donde la labor del Estado es imprescindible para evitar la degradación de la vida de las personas y recuperar sus dignidad.

Partimos del principio de que, ni los que más tienen se lo deben todo (o solo) a su esfuerzo y capacidad, ni los que menos tienen son culpables de su situación. Valoramos el esfuerzo y la necesidad de que cada ciudadano se haga cargo de su propia vida, pero también somos conscientes de que la pobreza y la exclusión crean muchas veces condiciones de imposible solución individual.
Las ayudas y servicios sociales tienen que tener una doble dimensión: por un lado, ser universales e iguales para todos los ciudadanos; por otro, atender a quienes más lo necesitan. Tanto unas como otras no deben considerarse dádivas fruto del altruismo o la caridad, sino consecuencia de los derechos fundamentales de la persona.

 

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