Medios de comunicación

LA NECESIDAD DE UNOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN PÚBLICOS QUE DEFIENDAN LA VERDAD, LA CONVIVENCIA Y LA LIBERTAD

 

El enorme poder que los medios de comunicación (radio, televisión, prensa, internet) ha adquirido en la sociedad actual obliga al Estado a intervenir en este ámbito tan decisivo para la transmisión de la información y la formación de opiniones, valores y actitudes sociales. Su función ha de ser, por un lado, el facilitar la existencia de una diversidad de medios privados que permitan el ejercicio de la libertad y pluralidad de información, opinión y entretenimiento; por otro, asegurar la existencia de medios públicos que atiendan a los intereses generales y actúen como un servicio público guiado por la imparcialidad y objetividad informativa, el respeto a la verdad y la libertad de opinión, y cumplan una función crítica y pedagógica que promueva la convivencia y la cohesión social.

Los medios públicos son esenciales para el buen funcionamiento de una sociedad democrática. No son algo de lo que la sociedad pueda prescindir, como lo demuestra el hecho de que la mayor parte de los países de Europa han fortalecido y consolidado en los últimos años el prestigio, la influencia y peso de referencia de la radiotelevisión pública. Los medios públicos de información y comunicación han sido los principales garantes de la diversidad y libertad informativa, y forman parte del modelo social europeo ya que cumplen un papel crucial para la cohesión social y la participación democrática. No se han hecho incompatibles, en modo alguno, con los medios privados.

La RTVE, en cambio, no ha logrado adaptarse a la irrupción de los medios privados y está sumida en una crisis de identidad, de organización, de credibilidad, de asunción del espacio público y la responsabilidad que le corresponde. La principal causa es su dependencia política y económica de los gobiernos de turno, que ejercen sobre ella un control antidemocrático y siempre partidista, empezando por el nombramiento de su Director General.

La segunda causa de su declive es el haberse negado a competir con los medios privados con una producción y una programación autónomas, buscando contenidos propios, afianzándose en la idea de servicio público, sin imitar los modelos basados en el sensacionalismo, la captación de espectadores degradando la información, buscando la excitación y la atención morbosa e intrascendente, enfatizando enfrentamientos y conflictos cargados de violencia verbal y simbólica, seleccionando la información y la opinión con criterios puramente comerciales, todo eso a lo que se ha llamado “telebasura”.

La tercera causa de la situación crítica que atraviesa la RTVE ha sido el perder su carácter nacional, integrador, defensor de una idea democrática de España basada en la cultura y la historia común, difusora de la igualdad entre todos los españoles. No sólo ha renunciado a esta función básica, sino que ha desmoronado su estructura nacional, troceándola en los servicios territoriales que cada vez tienen menos presencia y se han convertido en una rama más de las televisiones autonómicas, televisiones que han socavando los elementos de unión y el interés por los problemas comunes, diluyendo la imagen y la idea de España, privando a la sociedad de un instrumento vital de articulación cultural y de cohesión social y política.

 

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